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Evitación sexual: Quién se abstiene y por qué

En general, la aversión hacia el sexo es un mecanismo de defensa. Al pensar en la intimidad o en tener relaciones sexuales, la persona que las evita siente angustia emocional y síntomas físicos, como náuseas y músculos tensos, o puede tener ataques de pánico. Esta evitación sexual puede provocar más angustia emocional, humillación, vergüenza y baja autoestima, tanto para la persona que evita el sexo como para la pareja que es rechazada.
En su punto clínico se encuentra el trastorno de aversión sexual: uno de los dos trastornos de deseo sexual en el Manual diagnóstico y estadística de los trastornos mentales (DSM), definido como una “aversión extrema persistente o recurrente y la evitación de todo o casi todo el contacto sexual genital con una pareja sexual,” que causa angustia o dificultad interpersonal.
A menudo, la persona incluso evitará el contacto genital relacionado con un examen o procedimiento ginecológico. El trastorno de aversión sexual puede ser tan traumático que la persona no permitirá ningún contacto físico o beso. El DSM lo ubica dentro de las disfunciones sexuales; sin embargo, estudiosos sugieren que su ubicación más apropiada sería como un trastorno de ansiedad (Brotto, 2010).
Las personas que tienen más sexo informan una mayor autoestima, satisfacción con la vida y calidad de vida (Flynn & Gow, 2015). Por el contrario, la menor frecuencia de las relaciones sexuales y el hecho de evitar las relaciones sexuales están relacionadas con problemas psicológicos, ansiedad, depresión y problemas en la relación de pareja (Addis et al., 2006) (Hinchliff, Tetley, Lee, & Nazroo, 2018) (Rosen, 2017). La evitación sexual influye en múltiples aspectos de nuestro bienestar (Assari, 2014), y los motivos por los que alguien puede llegar a ella son muy variados.
En su trabajo histórico, Alfred Kinsey descubrió que hasta el 19 por ciento de los adultos no tienen relaciones sexuales. Esto varía según el género y el estado civil, y casi ningún hombre casado pasa sin sexo un período prolongado (Kinsey, Pomeroy, Martin, & Gebhard, 1998).
Otra investigación también confirma que las mujeres evitan con mayor frecuencia el sexo que los hombres. De hecho, hasta el 40 por ciento de las mujeres evitan el sexo en algún momento de sus vidas (Morse, 1985). El dolor durante el sexo y la baja libido son grandes problemas.
Incluso en la adolescencia, más mujeres que hombres se abstienen del sexo (Kabiru & Ezeh, 2007).
Las mujeres también tienen más probabilidades de evitar el sexo debido al abuso sexual infantil (Vaillancourt-Morel et al., 2016). Las embarazadas temen el aborto espontáneo o dañar al feto, y también pueden rechazar el sexo por falta de interés y fatiga (Orji, Ogunlola, & Fasubaa, 2002).
Las razones más comunes para que los hombres eviten el sexo son la disfunción eréctil, las afecciones médicas crónicas y la falta de oportunidades (Papagiannopoulos, Khare, & Nehra, 2015) (Basson, Rees, Wang, Montejo, & Incrocci, 2010).
Cuestiones médicas
Tanto para hombres como para mujeres los problemas médicos son las principales razones para evitar el sexo.
Por ejemplo, los pacientes con enfermedades cardíacas a menudo evitan las relaciones sexuales porque tienen miedo de un ataque cardíaco (Assari, 2014) (Kazemi-Saleh, Pishgou, Assari, & Tavallaii, 2007). Otra investigación ha demostrado lo mismo para las personas con afecciones cerebrovasculares, como un derrame cerebral (Korpelainen, Nieminen, & Myllylä, 1999).
El dolor crónico disminuye el placer del acto sexual e interfiere directamente al limitar las posiciones («Chronic pain can interfere with sexuality», 2017). La depresión y el estrés que causa pueden interferir, al igual que ciertos medicamentos para el dolor crónico.
Las condiciones metabólicas como la diabetes y la obesidad reducen la actividad sexual (Schulster, Liang, & Najari, 2017). De hecho, la diabetes acelera el declive sexual en los hombres hasta en 15 años («Diabetes, Sexual, & Bladder Problems | Niddk», s. f.). La gran masa corporal y una pobre imagen corporal juegan un papel fundamental para tener la oportunidad de mantener relaciones sexuales (Authors, s. f.).
Los trastornos de personalidad, la adicción y el abuso de sustancias y la mala calidad del sueño juegan un papel importante en el interés y las habilidades sexuales (South, Turkheimer, & Oltmanns, 2008) (Vallejo?Medina & Sierra, 2013) (Costa & Oliveira, 2016).
Muchos medicamentos, como los antidepresivos y los medicamentos contra la ansiedad, reducen la libido y la actividad sexual y, como resultado, aumentan el riesgo de evasión sexual (Higgins, Nash, & Lynch, 2010) (Rothschild, 2000).
Finalmente, los bajos niveles de testosterona para los hombres y los bajos niveles de dopamina y serotonina en hombres y mujeres pueden también influir (Hull, Muschamp, & Sato, 2004).
Factores sociales y emocionales
Para ambos sexos, la soledad reduce la cantidad de tiempo compartido con otras personas y la oportunidad de interacciones con otros e intimidad (Wheeler, Reis, & Nezlek, 1983). Las personas que están solas a veces reemplazan las relaciones sexuales reales con el uso de pornografía (Butler, Pereyra, Draper, Leonhardt, & Skinner, 2018). Esto se vuelve importante ya que la pornografía podría afectar negativamente el rendimiento sexual con el tiempo (Poulsen, Busby, & Galovan, 2013).
Muchos adultos mayores no tienen relaciones sexuales debido a la vergüenza y los sentimientos de culpa o simplemente porque piensan que son “demasiado viejos para tener relaciones sexuales” (Kalra, Subramanyam, & Pinto, 2011). Sin embargo, sería un error suponer que los adultos mayores no están interesados ??en tener relaciones sexuales. De hecho, un estudio reciente desmitifica la idea de la “intimidad sin sexo” después de los 60; incluso encontró que, si bien muchos adultos mayores tenían relaciones sexuales co por cienton mucha menos frecuencia que personas de 20 y 30 años, un tercio de los adultos mayores informaron que tenían relaciones sexuales con más frecuencia que el promedio de la generación más joven.
¿La solución?
Pocas personas hablan con sus médicos sobre sus problemas sexuales. De hecho, al menos la mitad de todas las visitas médicas no abordan problemas sexuales (Sobecki, Curlin, Rasinski, & Lindau, 2012) (Ports, Barnack-Tavlaris, Syme, Perera, & Lafata, 2014).
La vergüenza, los factores culturales y religiosos y la falta de tiempo pueden ser obstáculos para que algunos médicos pregunten sobre la vida sexual de sus pacientes (Rashidian, Minichiello, Knutsen, & Ghamsary, 2016). Algunos de ellos consideran que abordar los problemas sexuales crea demasiada cercanía con el paciente. Otros piensan que hablar sobre sexualidad tomará demasiado tiempo.
Sin embargo, aunque algunos médicos pueden tener miedo de preguntar sobre sexo a sus pacientes, la investigación ha demostrado que los pacientes parecen estar dispuestos a dar una respuesta si se les pregunta (Brandenburg & Bitzer, 2009) (Cahill et al., 2014). Esto significa que sus problemas sexuales no se abordan a menos que el médico lo mencione (Bahouq, Allali, Rkain, & Hajjaj-Hassouni, 2013).
El asunto es que los pacientes podrían beneficiarse de un poco de ayuda, por ejemplo, consejos e información médica respecto de posiciones recomendadas para evitar el dolor, en pacientes con artritis o dolor lumbar.
Derribar la barrera del diálogo es fundamental.
Tratamiento para la evitación del sexo (Rosen, 2017)
Dependiendo de su causa raíz, la evitación del sexo puede tratarse eficazmente por sí sola o como parte de una terapia de trastorno de ansiedad.
La terapia cognitiva conductual y la terapia psicodinámica pueden ayudar a reducir la ansiedad, el miedo y las emociones negativas. Estas terapias pueden realizarse individualmente, en terapia grupal u online, según la preferencia particular del paciente.
Recientemente, una investigación encontró que practicar mindfulness se relaciona con mayores niveles de satisfacción sexual y reducción de inseguridades.
La función sexual a menudo se puede mejorar con el uso de ciertos medicamentos. Es imprescindible consultar con un médico antes de consumir cualquier fármaco. Si ya estás tomando medicamentos para el trastorno de ansiedad, hablá con tu médico acerca de ajustar la dosis con estos fines.
Fuente: The Conversation

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