Con septiembre cada vez más cerca, comienza lentamente la transición entre las frutas típicas del invierno y las variedades propias de los meses más cálidos. Frutillas, bananas, manzanas y peras son algunas de las opciones que se pueden incorporar a la alimentación diaria, constató AIM.
Los últimos días de agosto empiezan a anunciar el cambio de estación. Las temperaturas se vuelven poco a poco más agradables y también comienza a modificarse la oferta de frutas y verduras.
Elegir alimentos de estación tiene varias ventajas: suelen encontrarse con mayor facilidad, llegan al consumidor en mejores condiciones y, cuando aumenta la oferta, también pueden resultar más económicos.
Según la información oficial sobre estacionalidad de frutas y verduras en la Argentina, durante la primavera cobran protagonismo frutas como la frutilla, banana, manzana, pera y ananá, mientras que con el avance de la estación se suman con mayor fuerza duraznos y damascos. En esta transición también continúan disponibles frutas características de los meses fríos, especialmente los cítricos.
Frutillas: uno de los primeros sabores de la primavera
Las frutillas empiezan a hacerse cada vez más visibles hacia el final del invierno y son una excelente alternativa para sumar frutas frescas.
Se destacan especialmente por su contenido de vitamina C y también aportan fibra y agua. Pueden consumirse solas, con yogur, en ensaladas de frutas o incorporadas al desayuno.
La vitamina C participa, entre otras funciones, en la formación y reparación de tejidos y favorece la absorción del hierro presente en otros alimentos.
Manzana y pera: las que siguen firmes
Son dos frutas muy versátiles y continúan siendo buenas opciones en el paso hacia la primavera.
Tanto la manzana como la pera aportan fibra, especialmente cuando se consumen enteras y con cáscara bien lavada. La fibra contribuye al funcionamiento intestinal y ayuda a generar mayor sensación de saciedad.
Las peras, además, contienen vitamina C y una importante proporción de agua.
Banana: práctica y disponible durante gran parte del año
La banana suele conseguirse durante todo el año y es una de las frutas más fáciles de incorporar a la alimentación cotidiana.
Aporta hidratos de carbono, fibra y distintos minerales. Puede ser una alternativa práctica para desayunos, meriendas o para consumir antes o después de realizar actividad física.
También permite reemplazar ingredientes más azucarados en preparaciones caseras: cuanto más madura está, mayor es su dulzor natural.
Ananá: fresco y con mucha agua
Con la llegada de temperaturas más elevadas, el ananá vuelve a ganar protagonismo. Tiene un alto contenido de agua y aporta vitamina C.
Puede comerse fresco, combinarse con otras frutas o incorporarse a preparaciones tanto dulces como saladas.
Y un poco más adelante: duraznos y damascos
Todavía habrá que esperar a que avance la primavera para encontrarlos en mayor cantidad, pero duraznos y damascos forman parte de las frutas que regresan con los meses cálidos.
Además de agua y fibra, su color amarillo y anaranjado está relacionado con la presencia de distintos pigmentos naturales y compuestos antioxidantes.
Mejor enteras que en jugo
Una recomendación sencilla es priorizar la fruta entera. Al consumirla de esta manera se conserva la fibra y la masticación también genera mayor saciedad.
Combinar distintos colores y variedades permite, además, incorporar diferentes vitaminas, minerales y compuestos presentes naturalmente en los vegetales.
Así, mientras el invierno empieza lentamente a despedirse, la frutera también puede comenzar a cambiar de aspecto: menos exclusivamente cítricos y cada vez más colores que anticipan la primavera.
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