Tierras para una vida digna, producir sano y terminar con el hambre

El enunciado parece ambicioso, con ribetes utópicos. Sin embargo, desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT), diseñaron un plan al que tuvo acceso AIM, en el que vienen ensayando desde hace siete años: Colonias agroecológicas de abastecimiento urbano. Una idea hecha realidad.

Tierras para una vida digna, producir sano y terminar con el hambre

Un fruto de la tierra que nace, se produce y se desarrolla, para luego ser consumido a cientos o miles de kilómetros de su lugar de procedencia, ¿tiene alguna lógica en un país inmenso como Argentina? Pareciera -a simple vista- que la respuesta es no. Sin embargo, esto es lo que sucede. Y viene sucediéndose desde hace décadas.

El absurdo esquema de comercialización de alimentos muestra que, por ejemplo, una planta de lechuga recorre -por lo menos- 400 kilómetros antes de ser consumida, con el consecuente gasto de flete y la inevitable generación de contaminación ambiental que se produce, por la quema de combustible fósil, entre otras aberraciones.

En medio de este muñeco de madera sin pies ni cabeza, asoma una propuesta lógica, sana, sustentable. Desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra surgió la idea de las “Colonias Agroecológicas de Abastecimiento Urbano”.

“La venimos impulsando desde hace aproximadamente unos siete años, a través de distintas acciones directas. Así llegamos a nuestra primera Colonia, que es la de Luján”, dice Nahuel Levaggi, coordinador nacional de la UTT.

“La propuesta la venimos sosteniendo desde algo real y concreto, y no desde la teoría. Hoy estamos parados sobre los pilares de colonias ya existentes, en diferentes lugares del país, y podemos demostrar -desde la práctica- que este tipo de sistemas funciona”, señala. Y para que las colonias existan -y se pueda producir alimento- es fundamental el acceso a la tierra.

En los últimos treinta años, el 41 por ciento de las explotaciones agropecuarias dejaron de existir. Este dato surge de la comparación entre los Censos Nacionales Agropecuarios de 1988 y 2018. La concentración de tierras en pocas manos creció exponencialmente. Actualmente, el 1,08 por ciento de las fincas (2473) concentra el 36,4 por ciento de la tierra (57 millones de hectáreas. Propiedades de más de 10.000 hectáreas), según el décimo tercer y último Censo Nacional Agropecuario (CNA).

En este contexto se planteó fuertemente la necesidad del apoyo del Estado para fomentar la agroecología. “La idea surge de la misma problemática, entendiendo que hay tierras disponibles del Estado”, dice Levaggi.

El CNA 2018, presentado por el Indec de Jorge Todesca en noviembre de 2019, relevó 206 millones de hectáreas y censó 250.881 explotaciones agropecuarias. Con estos datos se constató que sólo entre 2002 y 2018 desapareció el 25,5 por ciento de las explotaciones agropecuarias.

La desaparición de las chacras (extensiones menores a 100 hectáreas) convirtió al campo en un virtual desierto. No hay personas -prácticamente- en relación a la densidad. Sólo monocultivos que -mayormente- no son alimento humano.

Se relevaron 332.721 viviendas en las EAP, de las sólo cuales 257.528 están habitadas. En ellas se identificaron 732.986 personas residentes -en más de 200 millones de hectáreas- de las cuales 16 por ciento son socios o productores, 52 son familiares del productor y 18 son trabajadores no familiares.

Actualmente las explotaciones agropecuarias menores a 100 hectáreas son el 54,6 del total (125.023 fincas), con sólo el 2,25 de la tierra (3,5 millones de hectáreas). El agronegocio – modelo desarrollado desde los 90, profundizado en las últimas décadas y liberalizado por el macrismo- devoró toda idea de expansión humana y acentuó el hacinamiento de las poblaciones rurales en las grandes urbes.

En este contexto en el cual un puñado de personas, con enorme poder, concentra de manera hegemónica la tierra, aparece la idea de las colonias de la UTT. ¿Cómo funcionan? La propuesta de es que grupos de familias desarrollen un proyecto conjunto de vida cotidiana, en un mismo predio; donde las familias produzcan en sus propias parcelas y -para abaratar costos- se corporativicen algunos factores de producción, como las maquinarias, los galpones de empaque, algunos procesos de industrialización y la comercialización. Además que en conjunto se resuelven las necesidades colectivas como la escuela y otros elementos que van surgiendo de la propia experiencia.

“Eficientiza recursos el hecho de cooperativizar las cuestiones en común, que -si uno lo tendría que tener individualmente- no accedería, o lo mal usaría. Por ejemplo, en el caso de la colonia de Luján Jáuregui 20 de abril hay 80 hectáreas. Son arables alrededor de 60. Si cada uno tuviera un tractor por cada parcela sería una locura. Entonces, se compró un solo tractor, con sus herramientas, para esa superficie. Ocurre lo mismo con los galpones de empaque, las salas de lavado de la verdura, compra de insumos, etcétera. En Luján las más de treinta familias comercializan en un solo punto. Entonces se hace más eficiente el uso de los recursos. Por otro lado hay mayor control, regulación, formación, por parte del Estado”, explica Levaggi.

Franz Ortega, referente de la Colonia de Luján detalla los pasos a seguir en la conformación de una colonia. “Del modo que nos organizamos nosotros fue que cada compañero tuviera una hectárea para trabajar y cultivar. Y el resto del monte quedase como una reserva de uso comunitario en la cual se colocarían proyectos de apicultura, hacer senderos turísticos y demás acciones en ese sentido, que tienen que ver con el medio ambiente”.

Pero la colonia no es solamente para la agroecología y el abastecimiento urbano, sino que además se cultivan otras cuestiones fundamentales para la propia existencia humana. “Nosotros, los campesinos, somos casi analfabetos. No sabemos ni leer ni escribir en general. Así fue que logramos conseguir armar una escuela primaria y secundaria. Los compañeros y compañeras están pudiendo capacitarse. Más adelante pensamos hacer una escuela campesina, para enseñar a cultivar a los más jóvenes”, se entusiasma Franz, quien -con sus reflexiones- refleja lo que sería una suerte de humanización, de un campo deshumanizado durante décadas.

Explica además que “nuestro modo de venta es el de la comercialización directa. Nos dedicamos a la tierra, a cultivar y producir, para que después sea vendido en las ciudades cercanas. Todos productos agroecológicos, sin químicos, todo natural”, remarca.

En tanto, Levaggi considera -además- que la propuesta de Colonia “debe ser política pública. Los estados municipales, provinciales y nacionales tienen que tomarla como iniciativa y llevarla adelante. Nosotros ya lo plasmamos en una propuesta de ley en 2016. Obviamente fue cajoneada. Todos los verdurazos que hubo fueron para tratar de impulsarla. Ante esta situación trabajamos directamente en los municipios con los que teníamos mayor relación. Le mostramos la propuesta y les gustó. Así se fueron arando las colonias de Mercedes y Gualeguaychú, donde pudimos entablar relación con los municipios y avanzamos”.

La idea es sencilla: en la enorme extensión que posee Argentina (por ejemplo, España entra 5,5 veces, o Alemania casi ocho) se otorguen tierras municipales, provinciales o nacionales, propiedad del Estado, para generar Colonias. Que puedan vivir familias productoras, que produzcan, y que se comercialice en cercanías.

Máximo Rolando Ortega, productor y delegado de la UTT, representa las voluntades de cinco familias que conforman una colonia en Mercedes en la que trabajan y sueñan con abastecer a toda la zona de influencia y parte del GBA.

Cuenta que “la colonia es un esfuerzo de varios años de lucha, gestión tras gestión ante el municipio mercedino, que -a través de un comodato- nos cedió un campo». «La idea es que, una vez diseñadas las parcelas y tras la preparación de la zona, le daremos lugar a la producción y también a especies netamente propias de la zona, algunos frutales como el durazno, el cual está desapareciendo de Mercedes, y que tiene la paradoja de que en esta ciudad se hace la Fiesta Nacional del Durazno”, señala, remarcando la contradicción.

“Nosotros tenemos como objetivo hacer que funcione un puesto mayorista, un mercado concentrador en el que consigamos nuclear a todos los compradores de aquí, de la zona de Mercedes, los verduleros, los vecinos; y también de los pueblos aledaños, como Junín, Chivilcoy y Bragado, quienes ahora tienen que trasladarse muchos kilómetros hasta el Mercado Central para abastecerse. Nosotros queremos abastecerlos desde Mercedes”, se entusiasma Roli.

En este sentido, Levaggi no duda: “Es clave que esta propuesta de vivir y producir dignamente se transforme en políticas de Estado. Hay localidades y municipios que no producen verduras, como ocurre con la mayoría de ellos. Las traen desde los mercados concentrados y centrales. Viajan kilómetros y kilómetros. La propuesta es de producción local, comercialización local, empezar a democratizar la tierra para esa producción y comercialización. Esto disminuye notablemente el precio de -por ejemplo- la lechuga, en el almacén o en la verdulería”.

“Es un círculo virtuoso”, señala, al tiempo que advierte: “Para que esto sea real, lo que nosotros estamos haciendo, experimentamos y prefiguramos, tiene que ir acompañado de una política pública estatal. Buscamos que las Colonias se repliquen en todo el país. Los compañeros y compañeras que producen necesitan tierras y producir dignamente. En 20, 30, o 50 hectáreas se puede producir muchísimo alimento para comercializar en los mercados de cercanía”.

“Creemos que estamos proyectando políticas de avanzada. El 80 por ciento de los productores de alimentos para consumo humano arriendan las tierras. La problemática es real y excede al pequeño productor. También es un problema del mediano productor. En este sentido proponemos algo que va a solucionar gran parte de ese problema. Además, Argentina tiene un problema serio con respecto al hambre. Si empezamos a arreglar los problemas de tierras, vamos a producir más, de mejor calidad, y empezaremos a resolver el tema de los kilómetros que recorren las producciones”, concluyó.