Vigilar, controlar, dominar

Algunos de los aspectos más notorios y deplorables del estado actual de la humanidad es una confusión creciente, que lleva al litigio permanente, a la imposibilidad de ponerse de acuerdo en casi nada, a veces ni transitoriamente en cosas sin valor; la fácil apelación a la violencia; la idea de que es posible sacar lo superior en lo inferior, lo más de lo menos;  y que a pesar del malestar difuso pero innegable que nos afecta a todos, sigamos creyendo que estamos en  la cumbre de los tiempos.

Las potencias actuales gustan llamarse «democráticas» y execran al nazismo como diametralmente opuesto a lo que son ellas mismas.

Como hace más de dos siglos observó Benjamín Franklin, «en política nada ocurre por casualidad, cada vez que un acontecimiento surge, se puede estar seguro que fue previsto para llevarse a cabo de esa manera.»

Sin duda los acontecimientos actuales, que nos mantienen en vilo e impiden la reflexión serena,  no son casualidad, pero su alcance es mucho mayor que el que consideró Franklin.

Las negaciones y desvalorizaciones de otras culturas e incluso de alternativas dentro de esta cultura son también un signo de los tiempos. Provienen de formas  de pensamiento limitadas, clausuradas sobre sí mismas de modo de impedir cualquier apertura liberadora.

Según doctrinas  negadas o ignoradas,  la confusión del «arriba» con el «abajo» caracteriza a los períodos oscuros del mundo. No hay muchas dudas de que vivimos una crisis. Solo podemos discutir cuál será el desenlace de un estado de desequilibrio creciente.

Se trata  del imperio de la cantidad, de las mediciones económicas y demográficas, de la reducción de todas las cosas a su aspecto cuantitativo, sobre todo mediante el dinero, signo único del valor, en la convicción de que medir y cuantificar es explicar y que basta con explicar.

Los estadios finales de un ciclo implican entre otras cosas la la manipulación sin límites y el caos. La consecuencia es la desnaturalización de la naturaleza y deshumanización del hombre, visto como masa numerable, animal de granja.

La manipulación se extiende mediante la colocación  de  poderes en mano de aprendices de brujo, que actúan incluso en ámbitos que ignoran casi por completo, como la estructura de la vida, con riesgo de afectar las bases en que se asienta nuestro mundo.

¿Democracia?

Las potencias actuales gustan llamarse «democráticas» y  execran  al nazismo como diametralmente opuesto a lo que son ellas mismas; pero en silencio usan sin reservas los métodos que aplicaban los nazis para controlar  y dominar a sus poblaciones.

La diferencia es que los nazis eran novatos comparados con las posibilidades actuales, porque en las décadas transcurridas desde el fin de la Segunda Guerra  Mundial ha habido  muchos «progresos» y «perfeccionamientos» técnicos y científicos que han venido en  ayuda de sus métodos,   potenciados por sus continuadores.

El saber antiguo

El egiptólogo «simbolista» estadounidense John Anthony West, que pasó 15 años estudiando los templos de Luxor- dio una reseña reveladora  de las presiones e influencias subrepticias a que está sometido el hombre actual.

En su libro «La Serpiente Celeste»,  dijo: «En las civilizaciones antiguas había  una clase de iniciados que poseían un conocimiento preciso de las leyes armónicas. Sabían cómo manejarlas para crear el efecto que deseaban. Y plasmaron dicho conocimiento en la arquitectura, el arte, la música, la pintura y los rituales, produciendo las catedrales góticas, los inmensos templos hindúes, todas las maravillas de Egipto y muchas otras obras  que aún hoy, en ruinas, producen en nosotros un poderoso efecto.

(…)

La tortura, por ejemplo, constituye un uso indebido de los datos sensoriales.  La tortura adopta dos formas: privación sensorial (confinamiento solitario) y exceso de estimulación sensorial (atar a alguien al badajo de una campana; el potro de tortura, etc.). Hoy es un hecho bien conocido que las tensiones y fatigas de la vida moderna tienen consecuencias, reales e, incluso, calculables, en nuestras facultades psíquicas y emocionales.

La  gente que vive cerca de un aeropuerto o trabaja con el ruido incesante de una fábrica vive en un continuo estado de nerviosismo. En los edificios de oficinas donde el aire se recicla o se hace un amplio uso de materiales sintéticos se crea una atmósfera donde los iones negativos son escasos.

Aunque los sentidos no lo detectan de manera directa, en última instancia se trata de un fenómeno vibratorio de nivel molecular, y tiene poderosos efectos, mensurablemente

perjudiciales: la gente se vuelve depresiva a irritable, se cansa con facilidad y su resistencia disminuye.

La exposición crónica a los campos eléctricos débiles de baja frecuencia se incrementa constantemente, y sus principales fuentes son las líneas de transmisión eléctrica y  los aparatos eléctricos y  electrónicos  que han invadido nuestra vida y parecen  imprescindibles.

Las frecuencias subsónicas y ultrasónicas producidas por una amplia  gama de máquinas ejercen también una poderosa y peligrosa influencia.

Así, la vida cotidiana de los habitantes de las actuales ciudades es técnicamente una forma de tortura, suave pero constante, en la que las víctimas y los verdugos se ven afectados por igual. Y todos llaman a eso «progreso». El resultado es parecido al que produce la tortura deliberada. Las personas espiritualmente fuertes reconocen el desafío, lo afrontan y lo superan; el resto sucumben, se embrutecen, se vuelven apáticas y fácilmente dominables: adhieren servilmente a cualquier cosa o persona que prometa aliviar su intolerable situación, y los hombres se ven arrastrados con facilidad a la violencia, o a excusar la violencia en nombre de lo que imaginan que son sus intereses. Y todo esto se lleva a cabo por hombres que profesan elevados ideales, pero que ignoran las fuerzas que manipulan.

Si observamos nuestra propia sociedad veremos seres humanos reducidos a la esclavitud mediante  fenómenos sensoriales y supra-sensoriales impuestos por hombres que no saben lo que hacen.

Podemos postular fácilmente una situación en la que unos hombres más sabios, pero no menos egoístas, produzcan un efecto similar de manera  deliberada, a través del conocimiento de la manipulación de los sentidos.

En las catedrales, así como en el arte y la arquitectura sacros del pasado, podemos ver el conocimiento de la armonía y la proporción correctamente empleado, provocando un sentimiento de lo sagrado en todos aquellos hombres cuyas   emociones no han sido permanentemente paralizadas o destruidas por la educación moderna.

No se requiere, pues, un  gran esfuerzo de imaginación para concebir la posibilidad de dar al mismo conocimiento un uso totalmente opuesto por parte de personas sin escrúpulos. En principio, resulta concebible que las   construcciones, los bailes, los cantos y la música puedan reducir a la masa de una determinada población a un estado de indefensión. No sería difícil para unos hombres que conocieran los secretos, ya que aquellos que niegan que dichos secretos existan producen un efecto parecido en  nuestra época. Debemos considerar la posibilidad de que hayamos alcanzado nuestros intelectos occidentales, innegablemente desarrollados, al precio de perder sensibilidad intuitiva y emocional; así, es posible que en el pasado el uso inapropiado de los conocimientos matemáticos hubiera sido más peligroso que en la actualidad”.

Los nazis, en particular  Joseph Goebbels, sistematizaron los conocimientos que West temía que cayeran en manos de conocedores sin escrúpulos  y sirvan para esclavizar la población.  Y que además, los que los siguieron están cumpliendo al detalle su programa –que en realidad es muy anterior-  con el resultado de una población apática, confundida, sin horizontes ni voluntad de resistir las imposiciones más odiosas.

Goebbels fijó sus principios de propaganda política -que no eran suyos-  en 11 puntos, denostados en público  y aplicados en privado como  parte de una batería de recursos tendentes a mantener una población o temerosa, indecisa, vacilante, pasiva, resignada, pueril, veleidosa, vanidosa, débil,  crédula, enferma.

Los inescrupulosos conocedores de los secretos

En 1986 apareció en una fotocopiadora del ejército de los Estados  Unidos enviada a remate un folleto fechado más de una década antes -quizá dejado ahí intencionalmente- que recogía los  últimos avances en  materia de manipulación social, un «top secret» llamado «Armas silenciosas para guerras tranquilas», dirigido a los miembros del club de multimillonarios Bilderberg.

En términos de West, reseña lo que han llegado a saber  y a hacer gentes inescrupulosas pero inteligentes, dotadas de enormes recursos, cuyos jefes les han encargado medios de mantener la disciplina social de modo que no peligren sus privilegios ni queden al alcance de los desposeídos.

Algunas de sus conclusiones son:

Con estas tres invenciones  (el transistor, las calculadoras y la ingeniería social) bajo su dirección, los que estaban en posición de poder presintieron fuertemente que era posible para ellos de controlar el conjunto del mundo apoyándose sobre un botón».

«El público puede sentir instintivamente que algo no va bien, pero en razón de la naturaleza técnica de esta arma silenciosa, no pueden expresar su sentimiento de manera racional, o tomar en mano el problema con inteligencia.

En consecuencia, no saben cómo gritar por ayuda ni saben cómo asociarse con otros para defenderse»

«Cuando un arma silenciosa es aplicada gradualmente, las personas se ajustan, se adaptan a su presencia, y aprenden a tolerar sus repercusiones sobre sus vidas hasta que la presión  se vuelve demasiado grande y se hunden.

En consecuencia, el arma silenciosa es un tipo de arma biológica. Ella ataca la vitalidad, las opciones y la movilidad de los individuos de una sociedad, conociendo, entendiendo, manipulando y atacando sus fuentes de energía social y natural, así como sus fuerzas y debilidades físicas, mentales y emocionales».

«El método más simple para volver eficaz una arma silenciosa es ganar el control es por un lado mantener al público ignorante de los principios básicos de los sistemas, siempre llevándole a la confusión, desorganización, y por otro lado distraído con temas sin importancia real.

Esto es obtenido:

1 – descomprometiendo sus mentes y espíritus; saboteando sus actividades mentales; proveyendo programas educativos de baja calidad en matemáticas, lógica, diseño de sistema y economía, y desmotivando la creatividad.

2 – comprometiendo sus emociones, aumentando su egocentrismo y su gusto por las actividades emocionales y físicas :

  1.         a) – multiplicando sus confrontaciones y ataques emocionales (violación mental y emocional) por medio de un estanque constante de violencia, de guerra, de sexo en los medios de comunicación social – en particular la TV y los periódicos.
  2.         b) – dándoles lo que ellos desean   en exceso y privándoles de lo que realmente necesitan.

3 – Rescribiendo la historia y la ley, y sometiendo al público a distracciones, de forma de desplazar sus pensamientos sobre sus necesidades personales hacia prioridades externas altamente fabricadas (artificiales).

«La primera razón por la cual los ciudadanos de un país crean una estructura política es el deseo subconsciente de perpetuar la relación de dependencia de su infancia. Ellos quieren un ángel guardián para eliminar todo riesgo en sus vidas, tener un plato de pollo sobre la mesa en cada almuerzo, vestir sus cuerpos, tender  sus camas cada noche, y creer que todo irá muy bien a la mañana siguiente.

La demanda del público es increíble; entonces su ángel guardián, el político, responde a lo increíble con lo increíble, prometiendo el mundo sin aportar nada.

El comportamiento del público es dominado por el miedo, la flojera y la facilidad».

«La guerra es simplemente, en última instancia, el acto de destruir el acreedor, y los políticos son las estrellas  encargadas públicamente  de justificar el acto y de guardar su responsabilidad de sangre lejos de la conciencia del público.

Si las personas se preocuparan realmente de su próximo,  controlarían sus apetitos (avidez, procreación, etc….) a fin de que no depender de un crédito o un sistema de asistencia social.

Puesto que la mayoría del público ordinario no ejercerá tal restricción, solo hay dos alternativas:

1) Dejar el pueblo matarse entre sí en la guerra, lo que tendría como único resultado la destrucción total de la vida sobre la Tierra.

2) Tomar el control del mundo por medio de la utilización de «armas silenciosas » económicas, bajo la forma de una «guerra tranquila», y reducir la inductabilidad económica a un nivel seguro, mediante un proceso de esclavitud y de genocidio.

El público ordinario  se ha vuelto una horda de bárbaros proliferantes,  mejor dicho: una plaga sobre la superficie de la tierra».

La posibilidad de rectificación

Estos planes de apariencia diabólica permiten echar alguna luz sobre el origen del estado de inquietud, ansiedad, incertidumbre y violencia que padece el mundo entero, y cuáles son las metas de inteligencias libradas a sí mismas, en  una  época llamada «edad oscura» hace miles de años.

Hacen realidad los temores de West y son expresión de los aspectos más viles del ser humano, que pueden ahora expresarse libremente, salir  a la superficie sin ninguna contención ni temor.

La democracia implica el predominio de la cantidad y aborrece las elites. Lo que ha conseguido es entronizar una elite semisecreta que traza planes como el de las armas secretas para guerras tranquilas con miras a obtener una población mundial pasiva y sin respuesta.

El curso que toman las cosas, la aceleración de los tiempos hacia un desenlace previsible quizá no se pueda alterar a la larga, pero se puede rectificar.

Que estemos en crisis significa que hemos advertido un problema, que no todo va tan bien como creemos ni hay que confiar en una solución técnica para cualquier problema.

La palabra crisis se relaciona con crítica.  Y crítica alude a una situación terminal, que debe resolverse para bien o para   mal, y también el análisis exhaustivo de una situación para desentrañar su sentido.

La crítica, impulsada por la presión de los acontecimientos, que nos ha hecho descreer del progreso indefinido y entender que de seguir las cosas el curso actual la resolución de la situación puede llevar a la civilización o un punto muerto o a un  naufragio.

Es un primer momento de advertimiento. Si llegara más adelante a pesar del aplastante aparato propagandístico que  nubla la vista  y sostiene este orden de cosas, sería posible que desvanecer el mundo moderno.

Es una posibilidad remota, pero no inexistente,  y es casi la única posibilidad de cambiar un rumbo enderezado al abismo.

De la Redacción de AIM.