La incapacidad productiva

Por Ignacio Vila, de Revista PPV; especial AIM. Argentina avanza en un camino de destrucción de su capacidad productiva, limitando severamente la posibilidad de manufacturar a nivel nacional los bienes y servicios básicos para la vida del pueblo argentino. Organismos y bloques internacionales apoyan el camino y buscan cumplir el deseo del presidente: convertir a la Argentina en un supermercado, en el cual se ofrezcan los productos fabricados en el resto del mundo.

La incapacidad productiva

A pocos meses de las elecciones presidenciales nacionales, el panorama económico es verdaderamente preocupante, no sólo para la actualidad, sino también para los próximos años, sea quien sea el que gobierne. El combo de cierre de empresas, bajo uso de la capacidad instalada, bajo nivel de inversión, aumento del desempleo, la creciente dificultad para encontrar trabajo para los jóvenes, el permanente aumento de la deuda externa que crece de la mano de la fuga de capitales y los compromisos fiscales firmados con el Fondo Monetario Internacional, traen aparejados muchas limitaciones al momento de pensar la política económica que vendrá.

Reactivar la actividad económica, cuando muchas empresas han desaparecido, otras se han reconvertido y otras han apagado una porción importante de sus maquinarias, no sucederá de un día para el otro. Según Afip, durante los primeros cuatro meses del 2019 ya se han cerrado 5170 empresas, y en el último año el número asciende a más de 12 mil. El impacto en términos de empleo es muy grave: durante los últimos 12 meses se perdieron más de 140 mil puestos de trabajo.

De acuerdo a datos publicados por el Indec, la utilización de la capacidad instalada de la industria nacional en promedio en los primeros cuatro meses del año ha sido del 61,1 por ciento. Es decir que cuatro de cada 10 máquinas en capacidad de producir, están inactivas.

El sector más golpeado es el automotriz, que sólo ha utilizado el 37,6 por ciento de su capacidad. Los números en este sector son demoledores. En el mes de mayo del año 2018, la producción fue de casi 50 mil vehículos, mientras que en el mismo mes de 2019 fue de 30 mil.  Desde otro lado de la cadena, podemos ver que las concesionarias compraron alrededor 77 mil autos en mayo del 2018 y casi unos 28 mil en el último mayo. La cantidad comprada este año no llegó ni la mitad de la del año anterior.

En este marco, la posibilidad de encontrar trabajo es cada día más compleja, especialmente para los jóvenes, lo cual genera daños irreparables en la sociedad. Un informe publicado por el entonces ministerio de Trabajo de la nación, en junio de 2018 aseguraba: “el desempleo juvenil es 3,7 veces mayor que el registrado entre los adultos”.

Todos los factores apuntan al mismo lugar: la capacidad de producir bienes y servicios a nivel nacional ha sido fuertemente debilitada, dejando un saldo de menos empresas, menos trabajadores, menos inversión y menos incorporación de tecnología.

La inédita deuda tomada durante este período no hace más que agravar el cuadro. De acuerdo al Observatorio de la deuda de la Fundación Germán Abdala, Argentina, desde enero de 2016, emitió deuda en moneda extranjera por más de 175 mil millones de dólares. La necesidad de cumplir con los compromisos tomados, así como la reducción de la posibilidad de conseguir financiamiento externo, son factores que limitan la posibilidad de crecimiento y recuperación de la ya debilitada capacidad productiva.

El dinero tomado como deuda, además, no se ha quedado en el país: la fuga de capitales ya superó los 70 mil millones de dólares durante la era Macri.

Por último, los fondos recibidos por parte del FMI han venido con una serie de compromisos fiscales que limitan aún más la futura capacidad de repunte de la economía. El próximo ministro de Economía, finalmente, contará con menos herramientas al momento de diseñar la política económica -fruto de nuevas maniobras del Organismo Internacional- para, en teoría, garantizar la devolución de los préstamos recibidos por nuestro país. La historia ha mostrado, que en realidad son más bien medidas que buscan garantizar el subdesarrollo y la dependencia.

En conclusión, la economía nacional ha sido inducida a una profunda crisis que ha dañado severamente la capacidad productiva actual, así como la posibilidad de recuperación futura. Si se confirmara el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, la situación no haría más que agravarse. El camino hacia la dependencia ya está marcado, el tiempo y el pueblo argentino dirán, si eligen continuar por este sendero o volver a la senda de la producción nacional y el trabajo.

De todos modos, volver a generar la confianza para la reapertura de las fábricas cerradas y para que la inversión abandone las finanzas y se vuelque nuevamente a lo productivo no será tarea fácil ni rápida. Será necesaria la creatividad y una política económica que vuelva a encontrar en el capital local, particularmente en el capital material y simbólico de la Argentina profunda, la respuesta a los problemas de los argentinos.