Agarta, el mundo oculto

Un misterioso reino inmenso se extiende desde tiempo inmemorial debajo de la tierra por galerías que comunican entre sí las zonas más distantes del planeta. La capital es Shambala y está gobernado por un monarca llamado «el rey del mundo», mencionado en la Biblia como «rex hujius mundi».

Un misterioso reino inmenso se extiende desde tiempo inmemorial debajo de la tierra .

Así presentado parece un cuento de hadas, como los duendes de la tierra que rescataron a Blanca Nieves o el reino submarino de las sirenas con ciudades fabulosas bajo el mar.

El relato se puede considerar puramente imaginario, es decir que da forma a contenidos inconscientes que como arquetipos están latentes en el fondo milenario de la experiencia humana. Pueden ser  relatos folkóricos, cuentos infantiles, referencias ocultistas o tradiciones esotéricas.

Cada uno de estos niveles tiene alguna realidad en su orden,   pero con significados diferentes, sobre todo cuando se trate de abordar el simbolismo.

En el nivel más concreto, los nazis enviaron emisarios al Tibet para traer a Alemania a supuestos habitantes de Shambala. Vale decir, se tomaron el relato a la letra, de manera de no dejar nada librado a interpretaciones. Cuando los rusos entraron en Berlín el término de la segunda guerra mundial, encontraron en una cueva a  presuntos habitantes de Shambala, que habían llegado a la capital germana para dar prueba de la teoría de algunos «científicos» nazis de que la tierra era hueca y el hueco estaba habitado.

Hay que recordar que  la mitología tuleana afirma que Tule fue la patria aria en el Ártico, desplazada con la caída de la Atlántida alrededor del año 10.800 antes de Cristo.

Los centros tradicionales

Agarta, según una tradición oriental,  tendría su centro bajo el desierto de Gobi, y allí reinaría aún el Rey del nuevo mundo, pero tendría conexiones con todo el planeta bajo tierra.

Una de las «salidas» de Agarta al exterior estaría en el cerro Uritorco, en el noroeste de Córdoba, donde hay afloraciones de formaciones rocosas de miles de millones de años.

René Guénon, francés que expuso las doctrinas tradicionales, sobre todo hindúes, y murió en El Cairo convertido al Islam, refiere en su libro «El Rey del Mundo» gran cantidad de tradiciones de una tierra sagrada por excelencia, de un «centro del mundo» o centro de una tradición particular.

Esta tierra santa o «centro» tradicional, que aparece en las leyendas siempre con aires de maravilla,  fue sucesivamente la Atlántida, el reino del Preste Juan, el castillo de Camelot, la isla de Ávalon (país de las hadas, palabra relacionada con Apolo), el Montsalvat del ciclo del  rey Arturo, donde tenía lugar el sacrificio del Grial; la isla de Ogigia que menciona Homero; la isla de Thule de los antiguos germanos; el monte Meru de los Vedas, el Olimpo donde habitaban los dioses griegos, el monte Qaf que en el  Islam es el lugar donde desciende al inicio de cada era la legendaria ave Fénix.

La imaginación desatada  

Guenon cita sin darle todo el crédito un libro del explorador ruso Ferdinand Ossendowski, donde dice haber recibido el Mongolia, a fines del siglo 19, la información de que el reino subterráneo de Agarta existe desde hace 380.000 años.

Se hizo subterráneo, lo que equivale a decir que desapareció de la vista de la gente común (como el Preste Juan), hace 6000 años, curiosamente en el inicio de la edad oscura actual, la edad de hierro de los griegos o el Kaki Yuga hindú.

Para la ocultista rusa Helena  Blavatsky, la fundadora del teosofismo, Agarta era la   «logia blanca», que estaba en la isla del mar de Gobi, en Mongolia, donde en una era anterior habrían aterrizado  los  «Señores de la Llama», semidioses provenientes de Venus.

Si estas ideas son tan antiguas y repartidas como parece, y se puede encontrar rastros de ellas en cualquier época, pudieron haber inspirado relatos recogidos en religiones, como el sheol bíblico o o el hades, zona infernal para los griegos.

Ossendowki relata lo que dice le contaron en el Tibet sin agregar ni quitar nada.  Presenta a  Agarta  con accesos distribuidos en el mundo entero (por ejemplo, en el cerro Uritorco, en Tiahuanaco, en el Amazonas, en Victoria de la Siete Colinas  donde hay avistamientos de Ovnis, o en el campo La Aurora, frente a Concordia, en el Uruguay.

En Agarta no existe el mal ni el crimen, según Ossendowski. El rey del mundo es asesorado por personalidades con capacidad de predicción, que pueden también  dirigir la marcha de los hechos.

Shambala es la capital de Agarta, pero hay un centenar de colonias bajo tierra, que forman la red de Agarta, descriptas a veces de manera fabulosa  por varios autores que citan fuentes muy diversas.

Nazis budistas en Agarta

Antes del comienzo de la segunda guerra mundial, los nazis mandaron al Tibet una expedición impulsada por Hilscher, el jefe del departamento esoterismo de la Ahnenerbe. Trataban de tomar contacto con los habitantes de las cavernas suberrráneas con el fin de  recuperar la  tradición espiritual pagana y la práctica del ocultismo de la orden del Temple, que desapareció de occidente en el siglo XV

Un viaje subterráneo

Richard Evelyn Byrd contó de vuelta de un viaje al polo Norte que, de paso, había hecho una entrada por un gran hoyo y visitado el centro de la tierra.

Byrd era miembro de la marina de guerra de los Estados Unidos. Narró en su diario un viaje por el  interior hueco de la Tierra de miles de kilómetros sobre montañas, lagos, ríos, vegetación y animales, algunos monstruosos, otros que sobre la tierra son fósiles

El y sus compañeros fueron conducidos a  la presencia del  Rey y la Reina de Agartha. Por entonces habían caído bombas atómicas en el Japón y los habitantes de Agarta estaban  preocupados por la perspectiva de destrucción total que se abría

Para Byrd los polos Norte y Sur son dos de muchas entradas al centro de la Tierra.  Allá, según él, brilla otro sol

Una aspiración insatisfecha

Los ocultistas que promovieron en el siglo 19 en  Europa adaptaciones fantasiosas de la sabiduría oriental hablan con frecuencia de seres superiores, espirituales, de luz, inmortales o perennes, ubicados en otra dimensión. Muchos hablan de Shambala y la consideran un lugar real bajo tierra. Sin embargo, las referencias teóricas a lugares que desafían el sentido común pueden entenderse como existencias en planos de conocimiento que están fuera por ahora de nuestro alcance, sin ser por eso menos reales que nosotros. Los hombres de la Edad Media, a los que no consideramos en esencia diferentes de nosotros, se sorprenderían enormemente de constatar nuestro modo de vida.

Shambala puede ser  considerada como un estado mental, comparable a la manera como se considera al Grial, que era el símbolo exterior de uno de los «centros del mundo» de que Shambala sería un ejemplo.

Shambhala puede ser un estado posible de alcanzar en el que podriamos tener un punto de vista más alto sobre la totalidad de que somos parte y del que el mundo como hemos aprendido a considerarlo es solo un aspecto

De la Redacción de AIM.