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Caleidoscopio
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Milei en la escuela ORT

El teólogo belga Jean Comblin notó en sus aportes a la conferencia general del episcopado en Puebla, que las oligarquías latinoamericanas eran más extranjerizantes que los déspotas orientales en sus épocas de oro.

Y lo atribuyó a que -a diferencia de aquellos déspotas- no tenían arraigo en sus propias tierras, como algunos "rastacueros" argentinos para los que sus estancias en la Pampa eran solo la fuente de recursos para "tirar manteca al techo" en los cabarets de París.

La disociación entre gobernantes y gobernados es una cesura básica de las sociedades de clases; históricamente viene de la formación del Estado como instrumento de dominación y se mantiene de muchas maneras: desde la imposición por la violencia sin disimulo a la observancia reverente de los signos del poder, desde la conciliación transitoria al engaño científico de las masas.

La decadencia de occidente
El polaco Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente James Carter, admitió en sus últimos libros que la hegemonía estadounidense ya no se sostenía, que se elevaba incontenible el poder de la China y que había que compartir con él, hasta donde fuera posible sin guerra.

Si las luchas por todo el mundo, donde se malgastaban fuerzas del imperio, ya no rendirían victorias, era necesario asegurar la retaguardia del "poder americano": la América Latina, la misma que habían torpedeado cuando Bolívar en 1826 propuso el congreso anfictiónico de Panamá.

Entre los gobiernos latinoamericanos actuales encolumnados con el imperio del Norte, el argentino tiene un lugar notable, no tanto por su peso propio como por su extravagancia.

Un niño entre jóvenes
Un desprevenido podría considerar la exposición de Javier Milei ante adolescentes de la escuela judía ORT en Buenos Aires como un revoltijo comprimido en una mente recalentada.

Posiblemente sea eso, pero también más que eso: es la expresión hiperbólica de las intenciones de recolonización de los países del sur que han tomado fuerza en los diseñadores de la política imperial en los tiempos actuales de crisis mundial.

Dios es capitalista
La iglesia católica salió al cruce de las tendencias revolucionarias con la encíclica Rerum Novarum de León XIII. No adhirió al capitalismo porque sus mejores años habían pasado, como un boxeador viejo añora sus éxitos sobre el cuadrilátero.

Pero Milei no tiene esas dificultades. Debía hablar ante los adolescentes de la inteligencia artificial, pero se despachó con una teología que pone al capitalismo en vecindad de Yahvé como cosa divina: “El capitalismo es el sistema que Dios preparó a través de la Ley para que después de la caída el trabajo continuara. No lo inventó el hombre; el hombre lo descubrió al obedecer.

Está inscrito en los diez mandamientos, en el orden moral que el Creador estableció antes que existiera cualquier Estado o cualquier mercado. Para Milei el capitalismo "es el único sistema que, en consonancia con la ley de Dios, permite que el hombre trabaje, innove, descubra tecnología y genere prosperidad dentro de sus condiciones actuales”.

Satán es el adversario
Luego se acordó de dos adversarios notorios de sus posiciones: los periodistas y el marxismo, y tuvo una dosis de mileísmo para cada uno.

Exponía su bizarra teología advirtiendo que la propiedad privada no es una convención humana sino algo instituido por dios cuando algunos jóvenes lo abuchearon. Pidió entonces que hicieran lo mismo con los periodistas y aseguró que si lo hacían con más fuerza "se los voy a festejar”.

Satanás el diablo, un injerto del mazdeísmo persa en el judaísmo postexílico, parece tener una presencia determinante en el cerebro del presidente: no solo Francisco era un representante de Satanás en el Vaticano sino que Carlos Marx era un satanista.

Acá dio una explicación atendible: cuando tenía 21 años Marx escribió una obra de teatro que no completó: Ulanem, anagrana de Emmanuel o "dios con nosotros", nombre transcendente del Mesías. Ulanem es Manuel con el orden de las letras alterado, de modo que parece aplicable la doctrina del diablo como "mico de dios", es decir, es decir, como un ser simiesco que solo puede hacer un remedo invertido de su modelo.

Pero dioses y diablos son necesidades de la mente humana, que no concibe nada sin forma. Darles una realidad tangible es una objetivación extrema de los símbolos, a la que puede sucumbir Milei pero no un pensador como Marx.

Los jóvenes que lo escuchaban en la escuela ORT, posiblemente judíos en su mayoría, no parecieron estar muy de acuerdo con las citas de la Torá que hizo el presidente, porque lo abuchearon.

Zaratustra: elegir el bien
Milei volvió a la opción entre el bien y el mal en citas de los Proverbios atribuidos a Salomón, sin detenerse a que esa opción es una influencia de la predicación de Zaratustra en el antiguo Irán y fue aprendida por los hebreos en Babilonia.

En síntesis: el presidente expresa a su manera unilateral, casi fanática, procaz con frecuencia, la doctrina que está sirviendo para reconducir a América Latina a la obediencia al imperio en tren de agotamiento.

Se trata, forzando un poco las interpretaciones, de hacer que como aconteció con frecuencia en la historia, la gente apoye y bendiga a los que le quitan hasta lo que no tiene.

Fuente: De la Redacción de AIM
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