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La confianza del consumidor volvió a caer y golpeó el ánimo de los hogares

El Índice de Confianza del Consumidor cayó 1,08 por ciento en agosto respecto de julio y se ubicó en 40,23 puntos, según el relevamiento de la Universidad Torcuato Di Tella. El retroceso estuvo marcado por un deterioro de la percepción sobre la situación económica personal y una menor disposición a comprar bienes durables.

El dato representa la segunda caída consecutiva del indicador, después del retroceso de 4,78 por ciento registrado en julio. Aunque la comparación interanual todavía muestra una mejora de 0,71 por ciento, la evolución de los últimos meses evidencia que el optimismo de los consumidores volvió a perder fuerza.

Uno de los principales deterioros se observó en la evaluación que realizan los hogares sobre su propia situación económica. El resultado muestra que la percepción sobre las condiciones generales de la economía no necesariamente se traduce en una mejora concreta para las familias.

Menos confianza para consumir
El retroceso también alcanzó a la predisposición para comprar bienes durables, como electrodomésticos, muebles y otros productos de mayor valor. La menor intención de compra constituye una señal relevante para una economía que necesita recuperar el consumo interno.

La caída fue más pronunciada en el interior del país, donde el índice retrocedió 3,79 por ciento durante agosto. Pese a esa disminución, el interior todavía conserva el nivel de confianza más elevado entre las regiones medidas.

El comportamiento del indicador vuelve a mostrar una distancia entre los números macroeconómicos que suele destacar el Gobierno y la percepción cotidiana de los hogares. Una economía puede exhibir determinados signos de estabilización, pero si las familias sienten que sus ingresos no alcanzan o que deben postergar compras, esa mejora no se refleja necesariamente en su confianza.

La nueva caída del índice se conoce, además, en un contexto de creciente endeudamiento de los hogares y de reclamos por la pérdida de capacidad de consumo. Para las familias, la discusión económica no se reduce a las variables financieras: se expresa en la posibilidad concreta de comprar alimentos, pagar servicios, afrontar una cuota o adquirir bienes necesarios.

El dato de agosto deja así una señal incómoda para el rumbo económico del Gobierno: la confianza de los consumidores vuelve a deteriorarse y la recuperación que se anuncia desde los indicadores macroeconómicos todavía no logra convertirse en tranquilidad para buena parte de los hogares.

Consumidores

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