Temperaturas que llegan a los 45 grados, hospitales saturados, incendios, suspensión de eventos masivos y nuevos récords históricos, configuran un escenario que ya no aparece como una excepción, sino parte de una nueva normalidad. Europa atraviesa uno de los episodios de calor más intensos de los que se tenga registro. Lo que comenzó como una ola de altas temperaturas concentrada en algunos países del oeste del continente, terminó expandiéndose rápidamente hacia el centro y el este europeo, afectando a millones de personas y obligando a las autoridades a tomar medidas excepcionales para reducir los riesgos sanitarios.
Según los científicos. la causa principal es un domo de calor: una masa de aire caliente arraigada obstinadamente en un lugar, atrapando a los que están adentro a nivel del suelo en una ola de calor prolongada. Estos eventos son provocados por un cambio brusco en las temperaturas del océano. Las olas de calor son un indicador del cambio climático provocado por el ser humano, resultado en gran medida, de la quema de carbón, petróleo y gas.
Un futuro caliente
Las previsiones meteorológicas indican que más de 150 millones de personas estarán expuestas durante los próximos días a temperaturas superiores a los 35 grados centígrados. En varias regiones los termómetros ya superaron ampliamente esa marca y, en algunos casos, pulverizaron récords históricos que llevaban décadas sin modificarse.
La situación puso bajo una enorme presión a los sistemas de salud. Hospitales, servicios de emergencias y cuerpos de bomberos registran un aumento constante de intervenciones vinculadas al calor extremo, especialmente entre adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
Los especialistas advierten que el fenómeno no solo provoca golpes de calor o deshidratación: también agrava patologías preexistentes, aumenta el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencias respiratorias y puede desencadenar cuadros graves en personas aparentemente sanas cuando las temperaturas permanecen elevadas durante varios días consecutivos. Los alemanes acostumbrados al frío y a veranos moderados están pasándola muy mal. El país germano rompió una barrera histórica al llegar a una temperatura de 41,3 grados centígrados registrada en un barrio de la ciudad de Saarbrücken, en el oeste del país.
Reino Unido también rompe récords
Los británicos tampoco escaparon a la ola extrema. La agencia meteorológica británica confirmó un nuevo récord para un mes de junio al registrarse 36,9 grados en Wattisham, en el condado de Suffolk. Lo llamativo es que el récord fue batido por tercer día consecutivo. Cada jornada superó a la anterior, reflejando la intensidad de un episodio que obligó a mantener durante tres días seguidos la alerta roja por calor extremo, una medida que hasta hace pocos años prácticamente no existía en el país. Ningún habitante de esta isla está acostumbrado a convivir con temperaturas de esta magnitud.
Muchas viviendas carecen de aire acondicionado porque históricamente no era necesario, lo que incrementa el riesgo sanitario durante olas de calor prolongadas. En Londres, varias instituciones culturales debieron modificar su funcionamiento. El Tower Bridge suspendió las visitas turísticas, el Observatorio Real de Greenwich también cerró sus puertas y el Museo Británico advirtió que algunas salas podrían permanecer clausuradas para proteger tanto al público como al personal. Mientras tanto, en la región de Mánchester, los bomberos combatían un incendio forestal que ya había arrasado más de veinte hectáreas.
Francia cerrada
Francia enfrenta una situación crítica. Las temperaturas cercanas a los 40 grados llevaron a las autoridades a recomendar la suspensión de varios eventos masivos previstos para el fin de semana en París. Entre ellos figuraban la tradicional Marcha del Orgullo Lgtb+, el reconocido festival musical Solidays y una importante competencia de atletismo. El argumento fue claro: evitar que cientos de miles de personas permanezcan durante horas bajo temperaturas extremas y no agregar presión sobre un sistema sanitario que ya trabaja al límite.
La decisión refleja un cambio de paradigma. Hace apenas algunos años, las olas de calor obligaban a modificar horarios o reforzar la hidratación. Hoy ya motivan la suspensión de acontecimientos internacionales por motivos de salud pública. Europa se enfrenta a la ola de calor más intensa y extendida que haya afectado a una región tan grande del continente y no será la última, según pronostican los especialistas.