La actualidad espiritual de Marx y del marxismo

Gustavo Lambruschini.

En este artículo, el filósofo Gustavo Lambruschini rememora a Karl Marx en una época desesperada y realiza un análisis de la actualidad hermenéutica del filósofo, economista y sociólogo  alemán. “Los refinadísimos y específicos análisis del joven Marx realizados en El 18 Brumario pueden ser tomados como modelos, o mejor, como ‘paradigmas’ para la caracterización política de una coyuntura histórica como la que está sucediendo”, aseguró a AIM.

Marx rememorado en una época desesperada

En las vísperas de un nuevo aniversario (lleno de tortuosos tropiezos) de la Revolución de Mayo, puede resultar propicia la evocación de otro. El pasado 5 de mayo se cumplieron –y se festejaron planetariamente– dos siglos del nacimiento de un Karl Marx, que hoy pareciera inofensivo e inútil para un «uso subversivo» del orden existente. Para todos los que se ocupan, aun someramente, de estas cuestiones, juzgan como una perogrullada volver a llamar la atención acerca de la influencia decisiva en la comprensión y la interpretación de una obra literaria (sc. la de Marx) o de una tradición discursiva (sc. el marxismo), que tienen los términos y las condiciones históricas y sociales de la recepción de los receptores de estos discursos. Así pues, consolidada hoy la burguesía en todos los poderes fácticos del planeta, a nadie se le ocurriría censurar Las Flores del Mal de Baudelaire, o hacer una hoguera con El Contrato Social de Rousseau y las Cartas Blasfemas de Voltaire…, o sobre todo censurar como antes a Marx y al marxismo… Por el contrario, lo políticamente correcto para los que no quieren mostrarse otra vez recalcitrantes, es reconocerlos y hasta elogiarlos. Ante la crisis planetaria del movimiento obrero y sobre todo de su vanguardia, eso sucede con el tratamiento que la burguesía le da al bicentenario del nacimiento de Marx: los dichos del papa Francisco sobre el marxismo y los billetes conmemorativos de 0 euros de los alemanes valen como pruebas (casi) irrefutables… Vivimos en una época completamente desencantada y desesperada (hasta derrotista), pero no exactamente intolerante con las ideas y con los discursos (sí, en cambio, v. g., con las protestas callejeras). Los de arriba se hallan conscientes de que la esterilización de las verdades se produce, no con la rivalidad de otras verdades, sino ahogándolas en una bullanguera «pluralidad de voces» e incluso renunciando –à la mode posmoderne– a la Idea misma de verdad. Así pues, en el marco de una ofensiva planetaria del capital contra las condiciones de existencia de los sectores oprimidos como forma clásica de resolver sus crisis, proliferan «lecturas múltiples» y edulcoradas de Marx (más o menos purgado de «marxistas» y aun de «marxianos») como contraparte ideológica. ¡Por Dios santo: la burguesía y las universidades burguesas recuerdan a Marx; en cambio, sólo unas pocas facciones del movimiento obrero y sí algunos partidos clasistas muy minoritarios! ¡El gobierno de Mauricio Macri (ayuntado con el Goethe-Institut de Alemania) inaugura la temporada 2018 del Teatro Nacional Cervantes proclamando a viva voz: Marx Nace! En síntesis, una primera conclusión es que dichas «lecturas» lo transforman en un asunto de la Historia; más precisamente: una figura más o menos superada de la Historia de las Ideas y de la Historia Política, como quien aún hoy hablara del sexo de los ángeles…

La actualidad hermenéutica de Marx

Sin embargo, entre nosotros, habría que reconocer e identificar, qué herramientas intelectuales están mejor pertrechadas para sustituir al hodierno cúmulo de observaciones (más o menos azarosas o más o menos agudas), y para dar cuenta de la sorprendente crisis, esa que el capital financiero (o el capital que especulativamente se vuelve financiero), le está ocasionando al gobierno colega de Macri y sus CEOS: ante la impotencia y la mirada angustiada de la inmensa mayoría de «los argentinos y las argentinas» se percibe con miedo (y no con lucidez teórica) las avaras rencillas intestinas de las diferentes facciones burguesas en el grupúsculo económica, política y culturalmente dominante. Escándalo: ¡el capital financiero le hace un «golpe de mercado» nada menos que al presidente del G-20! ¿Los «líderes mundiales» del imperialismo le soltarán la mano en medio de las incertidumbres a la esperanza blanca latinoamericana? ¿Un síntoma inequívoco de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia? ¿Cómo explicar y comprender esto sin recurrir a la célebre «Ley» del Capital D-M-D’? En fin: ¿cuál es -entre las teorías rivales a la mano- la más elocuente para interpretar tan insólito fenómeno y, yendo a lo verdaderamente importante, la actual crisis planetaria del capitalismo, de los generalizados Estados de clase cuasi-fascistas y de la actual cultura posmoderna hegemónica, v. g., las TICs? ¿Qué nos presentan para ilustrarnos las diferentes teorías rivales ofrecidas por la Economía, la Historia y, en general, las Ciencias Sociales?

La superioridad teórica de Marx

Existe un consenso bastante generalizado acerca de que los valores jurídicos y morales universalistas, las formas y los ideales de vida que defiende la izquierda (la igualdad en la distribución, en el reconocimiento y en el uso de la palabra, la libertad real del individuo, el cosmopolitismo y el internacionalismo, la emancipación de la «maldición» del trabajo, la solidaridad, la cooperación, la paz, etc.), son superiores a los que, por lo general de forma sociocéntrica, defiende la derecha (la propiedad, la libertad del no impedimento, los derechos equilibrados con deberes, la igualdad de oportunidades, la religión, la competencia, el egoísmo, el individualismo posesivo, etc.). Más aún: los ideales de la Revolución propiamente burguesa, que suelen ser expresados con los de la Revolución Francesa, i. e., Libertad, Igualdad, Fraternidad -normas estas, a las cuales no parece que se pueda renunciar sin recaer en la barbarie- han sido heredados más por los defensores del proletariado que por los apologistas del orden burgués.

No ocurre algo parecido con la valoración que se hace de las teorías que se ocupan de la sociedad y en general de la historia. Las teorías de izquierda suelen ser tachadas de «historicistas», «proféticas», «utópicas», «falsamente predictivas», «ingenuas e ilusorias», etc., cuando no de simples disfraces de tiranías asesinas (v. g., las estalinistas). No parece evidente pues la superioridad -respecto de las teorías rivales pre y post-marxistas- de las teorías que hereda legítimamente la tradición socialista. Aquí, empero, propondremos una evaluación crítica y reflexiva bien diferente.

Sin embargo, también en general, se suele reconocer que los grandes nombres de la Economía Política Clásica -y mucho menos sus epígonos post-marxianos- no han podido hacer una teoría general del capital que pueda dar cuenta de su lógica y de su gramática, que sea capaz de rivalizar exitosamente con la expuesta en El Capital como crítica de la Economía Política; el hecho de que este libro bastante esotérico, después de la crisis capitalista planetaria del 2007, se haya transformado en un best-seller que hasta los ignorantes temerariamente abordan, bien puede valer como un sorprendente síntoma y hasta como una prueba.

Quizá la superioridad del materialismo histórico se basa en la elaboración de la teoría social como teoría crítica, i. e., como una teoría que, por una parte, constata que bajo los términos del capitalismo todo se compra y se vende, todo tiene precio y todo es mercancía (sobre todo los seres-humanos), y que, por otra, denuncia el escándalo moral que esto significa, y pone de manifiesto las condiciones de posibilidad de su superación. Verificación y valoración se unen sintéticamente en esa específica teoría, que no idolatra el orden constituido y la «realidad» (Realität) como la «única verdad», ni como la ultima ratio para la ciencia, sino que opone el mero «ser» con el «deber-ser» o con lo «posible-de-ser»; esta peculiar supremacía empero ha sido reiterada y suficientemente destacada. Pero, el materialismo histórico, bien mirado, es ambiciosamente una teoría (revolucionaria) de la evolución social (≠ una Filosofía de la Historia), que empalma con la teoría de la evolución natural de la especie (Darwin), a la cual es difícil encontrarle un rival para comprender en qué ha consistido dicha «evolución» desde que homo sapiens se fue distinguiendo formalmente de los otros simios superiores. Por otra parte, esta teoría a gran escala no es, por así decirlo, la visión de un bosque que nos ciega ante el árbol, sino que exhibe y pone de manifiesto que cualquier cosa existente, v. g., un individuo concreto, es el punto de intersección de múltiples relaciones (materiales dialécticas) y el resultado de un proceso; además «ese individuo» no es el que «cree-ser» sino el que objetivamente es. Finalmente, la concepción materialista de la historia intenta y pretende volverse auto-reflexiva y así decir sobre sí misma lo mismo que sostiene para el conjunto de las relaciones sociales, a saber, que constituye una teoría contingente e históricamente determinada, que perderá su potencial heurístico y explicativo, cuando las condiciones que la han engendrado hayan sido efectivamente superadas.

La superioridad hermenéutica del materialismo histórico, que bajo estas circunstancias de la Argentina y del mundo queremos destacar, tampoco se reduce a la reiterada constatación de la hipótesis de que la «lucha de clases» (una lucha política más o menos solapada) es el motor histórico universal de la teoría y de la práctica: ésta nos prohíbe incluir, so pena de un descarado cinismo, en un colectivo único como «país», «nación», «república», «patria», etc., a uno que, por así decirlo, vive en Barrio Parque con un homeless, o un mendigo pordiosero con un ostentoso derrochador de fortunas, o un ladrón de gallinas con un usurero; por otra parte, tal hipótesis histórica no fue propiamente un descubrimiento marxiano, sino que él la toma de la honesta producción teórica burguesa anterior.

Son poco subrayados y, sin embargo, llamativos y elocuentes, en cambio, los recursos explicativos y comprensivos que se proponen en El 18 Brumario (y otros textos en este sentido equivalentes). En efecto, allí se exhibe hasta el alarde un cúmulo de conceptos históricos y de matices, que manifiestan una gran riqueza dialéctica de contradicciones y contraposiciones, que mutatis mutandis, pueden ser usadas para los análisis de nuestro presente histórico, aun del capitalismo tardío y aun de las culturas y de los Estados de hoy relativamente autonomizados. El joven Marx nos habla con gran elocuencia de la Revolución y de la farsa de la Revolución; de la alentadora afirmación de que los hombres hacen la Historia; del bonapartismo trágico y del farsesco; de la autonomización, de sus metamorfosis y del crecimiento monstruoso de la burocracia del Estado que asfixia a la sociedad civil; del reinado feudal de los terratenientes y del rey burgués del capital financiero; de la república roja del proletariado y de la ridícula y falsa república burguesa; de la aristocracia terrateniente y de los campesinos parcelarios; de los «caballeros» (sic) de la industria y las finanzas de los «empréstitos públicos»; de la burguesía y el proletariado e inauguralmente del célebre «lumpen»; de la burguesía en el gobierno del Estado (v. g., en el parlamento) y la burguesía fuera del gobierno; de los relativamente diferentes partidos políticos al interior del «partido del orden»; de la burocracia estatal de los empleados públicos y de la policía y de los espías y del ejército «bien cebados»; de la prensa y de los escribas burgueses y de la prensa revolucionaria y republicana a la violeta; del «sable» y de la «sotana»; de cómo la burguesía en el poder se vuelve reaccionaria y asesina, cuando ve amenazada su dominación social, abandonando todos sus principios originales y utilizando todos los recursos del feudalismo para aplastar a los oprimidos que se levantan; en fin, Marx nos habla de la Historia Universal y de las farsas y las comedias tomadas y confundidas por los farsantes y comediantes como la mismísima Historia Universal. Todas estas ricas determinaciones resultan no sólo un mentís a los prejuicios apresurados y a las explicaciones mecanicistas, sino un ejemplo a imitar en los análisis y las caracterizaciones de un mundo bien inteligible, que para disfrazarse ideológicamente, se viste de «complejidad». En una palabra, los refinadísimos y específicos análisis hermenéuticos del joven Marx realizados en El 18 Brumario pueden ser tomados como modelos, o mejor, como «paradigmas» para la caracterización política de una coyuntura histórica como la que está sucediendo.