La desventurada Venezuela

La suerte de Venezuela parece echada hace mucho, desde cuando hubo intentos fallidos de golpe de Estado y de eliminación de Hugo Chávez, que éste sí, al fin tuvo éxito.

Hugo Chávez también soportó intentos fallidos de golpe de Estado .

Con Nicolás Maduro se acentuó una declinación que llevó a la crisis actual, cuando el imperio clama al cielo terminar con un régimen que considera dictatorial, inhumano y ladrón, como siempre son los que lo enfrentan.

Repiten estos epítetos gobiernos incondicionales del imperio, como los de Brasil y Colombia, que antes de usar esas palabras sacarían provecho de evaluarse a sí mismos.

Como los nuestros, ninguno

Como dijo el fraile belga Jean Comblin, muerto nonagenario en Brasil hace unos años, no hay nada en el mundo comparable a una oligarquía sudamericana. Los déspotas orientales tienen todavía una vinculación esencial con su tierra y cierta comunicación natural con su gente; pero no es así con los “aristócratas” de Nuestra América, a los que los países de donde provienen sus rentas les son ajenos y se ofrecen como cómplices de los que pretenden arrasarlos. Tienen las manos libres y la cabeza vacía para vender y traicionar.

La táctica no siempre rinde

El procedimiento es bien conocido. Es el mismo que se usa para mostrar por ejemplo que una empresa no es rentable en manos del Estado, pero florece en manos de privados: se le quita el presupuesto, se la reduce a la ineficacia, y cuando llega al momento, se vende a los amigos por monedas.

En este caso, al país se le quitan todos los recursos y una vez que el ave está sin alas, se demuestra que no sabe volar.

En Libia hubo éxito fulminante y también allí algunos respetables políticos, como el ruralista Jorge Rulli, miraban más a la corrupción de Kadhafi que a los portaaviones de los Estados Unidos o las declamaciones de Sarkozy más que al propósito de Francia de no perder depósitos bancarios.

La cosa siguió con Siria, dentro de un plan trazado con el estado sionista para voltear a Irán y acercarse a las fronteras rusas; pero no prosperó. El imperio quería tender un oleoducto a través del territorio sirio para sacar el petróleo del Medio Oriente por el Mediterráneo.

No pudo y activó la alternativa del petróleo venezolano, sólo a cuatro días de navegación del Golfo de México, y comenzó a hacer de Venezuela otra Siria, sin cambiar mucho el procedimiento.

Por el camino aparecieron imprevistos, como las armas hipersónicas rusas y el cañón electromagnético chino.

Alboroto en el patio trasero

Así como en el siglo XIX México tuvo la desventura de lindar con los Estados Unidos, que le quitó la mitad de su territorio, y lo sigue padeciendo hoy; en el siglo XXI Venezuela tiene la mala fortuna de haber quedado entrampada entre tres imperios. En el intento de liberarse fue el pato de la boda, el que debe pagar la fiesta.

Rusia y China al principio no estaban dispuestas a empeñarse mucho en el patio trasero de los Estados Unidos, pero luego cambiaron de opinión. Las causas generales fueron quizá la declinación económica de los Estados Unidos; su enorme endeudamiento que lo vuelve vulnerable; el carácter cada vez más rentista de sus multimillonarios; la falta de decisión firme e ideas claras de su presidente fanfarrón; la necesidad de captar los recursos venezolanos de petróleo y oro; la posibilidad de apoderarse del “patio trasero” del imperio yanqui.

Ahora están firmes en Venezuela, donde han hecho grandes inversiones petroleras que no quieren perder y también interesados en México y América Central, donde Trump sigue buscando conflictos con su muro y los migrantes.

Rusia ha armado a Venezuela con dispositivos capaces de interceptar aviones y misiles, como los que impidieron que Estados Unidos voltee al gobierno de Siria. China ha enviado subrepticiamente miles de soldados y equipos que podrían lanzar ataques electrónicos contra los Estados Unidos e impedir los que viene sufriendo Venezuela, que ahora tiene defensa incluso para una guerra convencional y mucho más para una asimétrica.

Trump mina su propio camino

Además, Trump acaba de enfrentar con dureza a su principal aliado en la zona, el presidente de Colombia, Iván Duque, acusándolo de enviar más drogas a los Estados Unidos que el presidente colombiano anterior. Al otro día de este inesperado ataque de Trump, Duque recibió una nota de la embajada rusa en Bogotá en que le informaban que cualquier agresión contra Venezuela sería contra Rusia. Duque, que ofreció Cúcuta como base de operaciones para la ayuda “humanitaria”, de un día para otro, se quedó al menos transitoriamente sin el apoyo de Estados Unidos, que creía haber logrado entregando a precio vil sitio para ocho bases militares, y recibió una amenaza rusa.

La paloma de la guerra

La situación internacional se tensa e incluso puede descontrolarse hasta lo irreparable. Está en juego ahora el dominio de América al sur de la frontera de los Estados Unidos, lo que hubiera parecido imposible hasta hace poco, y que se puso en evidencia después de los largos, torpes e infructuosos intentos yanquis por derribar el régimen venezolano y apoderarse de los recursos naturales.

No es vano recordar que el planificador Jorge Keenan, “la Paloma”, creador de la doctrina Truman después de la guerra, recomendó en 1946: “Tenemos alrededor del 50 por ciento de la riqueza mundial pero sólo un 6,3 por ciento de la población. La tarea realmente importante para el próximo periodo es elaborar un modelo de relaciones que nos permita mantener esta posición de desigualdad. Para conseguirlo tenemos que prescindir de todo tipo de sentimentalismos y utopías; nuestra atención tiene que centrarse en nuestros intereses nacionales. Debemos dejar de hablar de objetivos vagos e irreales como los derechos humanos, el aumento de la calidad de vida y la democratización”.

Consideraba que todos los recursos naturales del mundo deben estar al servicio de la industria estadounidense y que en el caso de Sudamérica solo por casualidad – o sólo en apariencia- están fuera de las fronteras norteamericanas. Los países que resistieran poner sus recursos a disposición de los Estados Unidos, serían llamados “comunistas” sin importar su ideología.

Su plan se vino cumpliendo mientras duró la guerra fría y siguió todavía hasta Siria, a pesar de que el Imperio venía declinando. Le salieron competidores que modificaron mucho la situación de la posguerra que Keenan quería mantener indefinidamente a salvo de los “rencorosos”, que eran todos los pueblos no anglosajones, “que no comparten nuestra lengua y tradiciones”. En Siria la expansión fue detenida y cuando una frontera no avanza, retrocede.

Pero no se esperaba que el retroceso tuviera lugar con tanta evidencia en la propia América. La diplomacia china, menos diplomática que de costumbre, hizo oír su voz en las nuevas condiciones: “América Latina no es el patio trasero de nadie”. Tomemos nota.

De la Redacción de AIM.