La reforma agraria

Recientemente hubo escándalo y ridiculizaciones ante una   propuesta de reforma agraria lanzada sin preparación en tiempos preelectorales. Al margen de lo que valiera o de la elaboración teórica que tuviera, el poder no acepta  ni que se mencione el tema. Para algunos periodistas del sistema la propuesta era regresar al paleolítico de tan vieja, aunque en el paleolítico no hubiera agricultura ni propiedad privada y la idea de reforma agraria no se suscitara.

La reforma agraria volvió oportunamente porque se cumplió otro aniversario del reglamento de Tierras dictado en la Banda Oriental por José Artigas, una reforma agraria radical.

El reglamento de Tierras

El tema volvió oportunamente porque se cumplió otro aniversario del reglamento de Tierras dictado en la Banda Oriental  por José Artigas, una reforma agraria radical.

Artigas  inició el  reparto de tierras, no sólo fiscales sino de grandes propietarios criollos y españoles.

Era conocedor profundo del habitante de la Banda Oriental, sobre todo del gaucho y del indio, ambos excluidos de la propiedad de tierras. Había acompañado al científico español Félix de Azara en el reparto de tierras como medida de poblamiento.

El estado anárquico de la base económica ganadera de la Banda Oriental obligó a las autoridades de entonces a lo que luego se llamó el Arreglo de Campos. Con la revolución, Artigas  llevó a cabo un reparto de tierras verdaderamente radical, desconocido en su época, y popular.

El «Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados», fue aprobado el 10 de septiembre de 1815, hace 204 años.

Artigas buscaba  asegurar una base social de apoyo a la revolución. En este sentido el artículo sexto del reglamento pide   «que los más infelices sean los más privilegiados»

También pretendía   castigar a los contrarrevolucionarios, a los «malos europeos y peores americanos»

El padre iluminado

El historiador uruguayo Gonzalo Abella acepta las ideas de Carlos Maggi sobre que Artigas era el padre carnal de un caudillo charrúa; pero no le da el alcance social de Maggi porque aprendió entre los indios que «hay muchas formas de ser padre». El «Karaí guasú» que era Artigas no debía necesariamente ser padre carnal para tener ese ascendiente. Más: un padre carnal puede ser un hombre que no despierte el  entusiasmo de nadie. Es otra cosa.

Augusto Roa Bastos dice en su novela «Yo, el Supremo» que Gaspar de Francia a veces mandaba a algunos enfermos a visitar al «viejo oriental» (Artigas) que estaba en San Isidro de Caraguaty. Es decir, sabía reconocer que alguien como él podía curar porque la perfección de su personalidad es terapéutica, como siempre son las personalidades superiores.

Los guaraníes suelen todavía atribuir a los «pajé cuera», a sus «ñanderú cuera» cualidades semejantes, porque entre ellos nadie alcanza la dignidad de sabio sin serlo. Y no es sabio porque sepa mucho, ni porque haya hecho pesar miles de libros sobre su cabeza ni porque haya obtenido diplomas, sino porque ha sido capaz de «abrazar el Uno» y obtener la armonía celestial.

Abella narra parte de su conversación con un peón rural con quien viajó ocasionalmente en colectivo entre Salto y Artigas, en el noroeste del Uruguay. «A mi abuelo, que era gaucho crudo, indio crudo era, le temblaba la voz cuando hablaba de Artigas. «M´hijo, me decía, él es un amigo, un compañero. Lo decía como cosa de ahora, no de antes. Como si él lo viera ahora, y mi abuelo no decía «amigo» como yo le puedo decir a usted si vamos juntos de joda. «Amigo» era algo que se encontraba en el monte, algo protector, algo mágico era».

Y finalmente: «Lo principal en Artigas no son los documentos sino las acciones, los gestos, la mística, el carisma, el perfil ético. Tuvo una visión extraordinaria, una capacidad asombrosa de entender el futuro y sus desafíos».

Abella parece no encontrar palabras para explicar el «resplandor desconocido» que da título a su libro y se refiere también a una luminosidad que se vio en el norte del Uruguay cuando Artigas murió en el Paraguay. Para Lao Tse, más sobriamente, «quien tiene un ser interno fijo en semejante grandeza, emite un resplandor celestial».

De la Redacción de AIM.