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Personajes curiosos viajan a New Jersey

Hacia la tierra prometida. Laura Zelaya.
Hacia la tierra prometida. Laura Zelaya.

Hacia la tierra prometida y Contrapunto, son los títulos de las esculturas de la entrerriana Laura Zelaya que se encuentran expuestas en el Morris Museum de Morristown, New Jersey. AIM dialogó con la artista sobre su recorrido en el mundo del arte. Por Valentina Bolcatto[*]. 

Un personaje vestido de blanco rema hacia la tierra prometida. En su bote no hay espacio para el aburrimiento. Avanza lento con la ayuda de quienes, en su postura inmóvil, reconocen la necesidad de continuar el viaje. Un viaje a la tierra prometida que podría ser New Jersey, por ejemplo, o cualquier lugar del mundo donde el arte kinétiko consiga espacios para habitar. Un paseo, una larga estadía o una estancia infinita; o, quizás, una parte incontrolable en el interior de Laura que nace del deseo de esculpir sus obras.

El recorrido comenzó en su infancia. De padre y madre artista, Laura aprendió a pasar sus ratos libres entre lápices de colores y pedacitos de arcilla. El cuerpo de un gatito surgía del cilindro de barro modelado entre sus manos. Los juguetes los construían en su casa y Laura participaba de la hechura. Fascinada por la mecánica, desarmaba los objetos para ver cómo funcionaban. En su cotidianidad, también, estaban los paseos de fin de semana entre los corredores de los museos de Berlín y las historias que escuchaba antes de dormir sobre la vida de Van Gogh, Toulouse Lautrec y otros artistas. Ya en su juventud, decidió desatar el ancla que la vinculaba a la imagen de sus padres y comenzó a formarse en artes escénicas. Pero, poco a poco, resurgió la necesidad de lo plástico, lo tangible, que la alejó del hecho efímero del teatro.

La promesa. Laura Zelaya.
La promesa. Laura Zelaya.

Entre sus tesoros, como ella los llama, hay juguetes de lata, madera y algunos de plástico -obsequiados por sus alumnos- que lucen en la estantería. Osada y autodidacta, como se define, fusionó el teatro y la plástica para crear sus juguetes propios: “La búsqueda fue interna; fue mi niña interna ¿Con qué me gustaría jugar a mí? ¿Qué es lo que puede seducir a un chico?  Desde ahí empezaron a aparecer los diseños. Yo soy una fanática de los trompos, por ejemplo. Tengo una colección de trompos que me traen de regalo o que compro cuando voy de viaje. Y veo el trompo y digo: ¡Esto puede ser una bailarina! Y bueno, hago un trompo bailarina. Me encanta que tenga siempre esa idea de lo escénico y de la historia detrás”.

Desde hace 17 años que Laura produce estas esculturas kinéticas y autómatas. Lo kinético, explica, es arte que se mueve o da la sensación de movimiento. Sin ayuda de carpinteros o mecánicos navega sola en su taller, como el personaje del bote, en busca de conocimientos de engranaje y física para construir sus objetos. El autómata, cuenta, “es un dispositivo mecánico con un personaje y un ser viviente que reproduce el movimiento de ese ser; es algo muy antiguo. Los egipcios tenían esculturas que se movían por fuerza de vapor o por fuerza del viento. Entonces, en sus rituales religiosos, en algún momento lucían la artimaña y las estatuas de los dioses movían alguna parte de su cuerpo para dar la sensación de respuesta. Da Vinci también hacia autómatas. Hizo un león que caminaba y escupía flores. Los autómatas son los primeros robots, es fascinante la historia”.

Hacia la tierra prometida y Contrapunto, son los títulos de las esculturas de la entrerriana Laura Zelaya que se encuentran expuestas en el Morris Museum de Morristown, New Jersey.
Hacia la tierra prometida y Contrapunto, son los títulos de las esculturas de la entrerriana Laura Zelaya que se encuentran expuestas en el Morris Museum de Morristown, New Jersey.

En la escultura que se presenta en el museo Morris, Hacia la tierra prometida, la artista vincula los dos conceptos presentes en sus obras. Por un lado, la metáfora de la mentira a través de El engaño, La retórica de la mentira, La cobardía del silencio, o La promesa. Por el otro, la representación del mar, que remite a sus ansias de viajar, trascender y proyectarse hacia algún lugar. Esta tierra podría ser el final del camino en la búsqueda hacia su interior. Es, según comenta, la posibilidad de “plasmar sueños, sentimientos y la necesidad de que algo se mueva; de crear una semivida en una imagen poética”. Pero esta creación solitaria del personaje necesita del otro para que tome vida.  De aquel que decida tocarlo, accionar y conectarse con la obra, volviéndose participe de lo que sucede. Un modo de vinculación que obtuvo respuestas ampliamente positivas. Muchas personas manifestaron sentirse conmovidas y entusiasmadas con su obra; y para una artista, como ella expresa, “resulta muy valioso que te digan: ‘me llegó tu obra’ o ‘pude meterme en ese mar y ser esa nadadora que representaste, pude verlo, pude sentirlo’. Esas son las cosas que te enriquecen; que vuelva ese cariño. Porque uno está poniendo su corazón en la obra para que los demás también lo puedan disfrutar”, manifestó.

Y ese juego presente en sus esculturas, también está en el trabajo con los niños que asisten a su taller. La conexión, según comentó, puede ser muy fuerte con otras generaciones, y así le sucede a ella. Es por esto que destaca la posibilidad de que en muchos salones del país, acentuando los de la provincia, se permita participar a estudiantes y jóvenes que recién comienzan. El hecho de que no se exija trayectoria para exponer permite que estos espacios sean más inclusivos. Además, mencionó, que el circuito se amplió debido a la gran cantidad de personas que se demuestran entusiasmadas estudiando pintura o escultura –hecho que antes no abundaba-, y el número de docentes de Buenos Aires que ahora residen en Colón. Estas nuevas proximidades entre públicos y artistas de diferentes generaciones, dice Laura, permite que uno pueda aprender de la gente joven muchas cosas, así como los más jóvenes adquirir otras experiencias. Para la artista, el arte tiene que ser flexible. Se podría decir, que debe adaptarse a las vicisitudes como los botes en las mareas. “Las nuevas generaciones están mucho más lanzadas y están luchando por sus derechos. A mí no me parece que sea incompatible la convivencia de generaciones, ni en el arte, ni en la vida.   Me parece que es una convivencia interesante porque el arte es movimiento y es apertura de mente. Si el arte es cerrado, fijo y estricto, se quiebra”, finalizó.

[*] Valentina Bolcatto, Licenciada en Artes Visuales.

Contacto: [email protected]

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