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Salud y Bienestar
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Celos, control y redes sociales: nuevas formas de violencia vincular

“Las tecnologías transformaron la manera en que nos comunicamos, nos enamoramos y construimos vínculos. Pero también abrieron la puerta a nuevas formas de control que muchas veces se confunden con amor, interés o cuidado. ¿Dónde termina la preocupación y dónde comienza la violencia?”, dijo a AIM la terapeuta en sexualidad integral y vínculos, Lorena Mercedes Díaz.

“Durante mucho tiempo los celos fueron presentados culturalmente como una prueba de amor. Frases como "si me cela es porque me quiere", "me controla porque le importo", o "se preocupa por mí", formaron parte del imaginario colectivo y contribuyeron a naturalizar conductas que, lejos de fortalecer un vínculo, pueden deteriorarlo profundamente”.

“Las redes sociales y las nuevas tecnologías no inventaron la violencia vincular, pero sí le dieron nuevos escenarios y nuevas herramientas”, señaló Díaz.

“Revisar el horario de conexión de otra persona, exigir explicaciones por un "me gusta", controlar quién comenta una publicación, pedir contraseñas, solicitar fotografías para verificar dónde se está, cuestionar amistades o monitorear permanentemente la actividad en redes son situaciones cada vez más frecuentes que muchas veces se minimizan o incluso se interpretan como gestos de interés afectivo”.

“Sin embargo, el control no es amor”, remarcó.

“Los vínculos saludables se construyen sobre la confianza, el respeto por la intimidad y el reconocimiento de la autonomía del otro. Amar no implica poseer ni supervisar cada movimiento de una persona. Tampoco significa renunciar a los espacios propios, las amistades o la privacidad”, explicó Díaz.

“Desde la salud mental resulta importante comprender que los celos son una emoción humana y que pueden aparecer en distintos momentos y relaciones. El problema no es sentir celos; el problema aparece cuando esos sentimientos se transforman en vigilancia, manipulación, aislamiento o control sobre la vida de otra persona”.

“Las tecnologías, además, favorecen la ilusión de una disponibilidad permanente. La posibilidad de saber si alguien está conectado, cuándo leyó un mensaje o si respondió a otra persona puede generar ansiedad, malestar y conflictos vinculares que antes simplemente no existían o permanecían invisibles”.

Explicó que: “La inmediatez digital muchas veces parece haber instalado nuevas exigencias afectivas: responder rápido, estar siempre disponible, justificar silencios o explicar actividades cotidianas. Pero el acceso constante a la otra persona no debería confundirse con cercanía emocional”.

“La confianza no se construye con contraseñas compartidas ni con ubicaciones en tiempo real. Se construye con diálogo, acuerdos y respeto mutuo”.

“Hablar de estas situaciones es importante porque las violencias vinculares no siempre comienzan con agresiones evidentes. Muchas veces se presentan de manera gradual, disfrazadas de cuidado, preocupación o protección, hasta convertirse en prácticas naturalizadas dentro de la relación”.

“Reconocer estas dinámicas no busca generar desconfianza ni sospecha permanente sobre los vínculos, sino promover relaciones más libres, más respetuosas y más saludables”, indicó.

“Quizás uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo sea aprender a vincularnos en la era digital sin perder aquello que hace humanos a los encuentros: la confianza, el respeto y la libertad”.

“Porque hablar de sexualidad también es hablar de cómo vivimos, sentimos y nos vinculamos, y porque la sexualidad no habla solamente de sexo: habla, sobre todo, de humanidad”.

Fuente: De la Redacción de AIM
salud y sexualidad celos y redes sociales LORENA MERCEDES DÍAZ

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