Un temprano mártir de la ciencia

 

Ser almuerzo de pescados por  haber hecho un formidable descubrimiento científico puede parecer muy ingrato, pero ese destino fue compartido por muchos a  lo largo de la historia.

Hipatía, una matemática alejandrina, caso por entonces muy raro de mujer sabia, fue descuartizada en el año 416 .

Hipatía, una matemática alejandrina, caso por entonces muy raro de mujer sabia, fue descuartizada en el año 416 por guardaespaldas del obispo cristiano San Cirilo para dar ejemplo del destino que  él reservaba a los paganos.

Giordano Bruno ardió en la  hoguera por negar divinidad a Jesús y suponer que cada astro lejano, cada estrella que era un sol, podía tener sus  propios dioses.

Calvino mandó a la hoguera al  médico aragonés Miguel Servet, descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, porque Servet sostenía entre otras cosas que el bautismo no debía ser administrado a los niños.

En  1619 el italiano  Lucilio Vanini fue estrangulado  y quemado por afirmar que el  universo se rige por leyes naturales y el hombre evolucionó a partir de los monos, Pero quiza lo que le valió la condena fue el negar la creación y  la inmortalidad del alma.

Un compañero de trabajo del ingeniero Daniel McFarlan Moore lo  asesinó en 1936 cuando descubrió que Moore ya había patentado una lámpara eléctrica que había inventado y no pudo aceptar dentro de la cordura  que otro se le  hubiera adelantado.

La zoóloga norteamericana Dian  Fossey fue asesinada a machetazos en 1985  dentro de una cabaña de Ruanda, en  Africa. El crimen fue perpetrado quizá por cazadores  furtivos de gorilas, que ella protegía de la extinción si continuaba el modo en que eran cazados.

Hay  muchísimos otros ejemplos, pero   queremos mencionar más extensamente uno muy antiguo, que  ha llegado a nosotros envuelto en   el aura de la leyenda.

El iniciado pitagórico que jugando con un cuadrado de lado uno descubrió que la diagonal mide raíz de 2, y que la raíz cuadrada de dos no se puede expresar como fracción de dos números enteros, fue considerado un hereje peligroso por los otros pitagóricos, ya que números irreductibles a fracciones echaban a perder la doctrina, que no tenía lugar para los números que hoy  llamamos irracionales.

La cuestión se resolvió rápidamente, pero solo momentáneamente, tirando al mar por la borda de un barco en que viajaban los pitagóricos  a Hipaso de Meloponto, mártir de la ciencia. Los irracionales eran los colegas de Hipaso; pero posiblemente el crimen no se aviene con la verdad histórica, porque no corresponde a la doctrina pitagórica, que era esotérica, y  que concebía las cantidades, los números, solo como reflejos invertidos del mundo de las cualidades, que era el esencial.

Números como raíz de dos, que no se pueden expresar como cociente de números enteros, se llaman «irracionales» ante todo porque no son fracciones o cocientes («razones», pero esta palabra alude solo al número de veces que una cantidad contiene a otra),  y no porque tengan alguna condición psicológica de los que suelen poblar los  consultorios psiquiátricos; es decir, alguna alteración de la facultad de discurrir. «Irracional», aplicado a un número, niega solo que pueda reducirse a fracción de números enteros, nada más.

La traducción fue desafortunada  pero no tanto por error del traductor sino porque en lugar de entender por irracional «no expresable como fracción»,  se creyó que eran números locos, por lo menos muy raros. «Inconmensurable» hubiera mucho mejor y nos hubiera ahorrado muchas malas interpretaciones.

Sin embargo, en silencio la matemática contiene la solución: el conjunto de los números irracionales está dentro del conjunto de los números reales. Entonces: «todo lo irracional es real, pero no todo lo real es irracional» (hablamos solo de números) y santas pascuas.

De la Redacción de AIM.