Después del "grito de Dolores" encabezado por el cura Hidalgo en 1810, que teminó con la independencia mexicana en 1821, muchos estadounidenses tuvieron permiso para vivir en Texas; parte entonces de la Nueva España. Sin embargo cuando el número los hizo sentir fuertes se rebelaron contra las leyes mexicanas y se declararon independientes en 1835.
Fue una maniobra del gobierno de Washington para tener el monopolio del algodón, una mercadería de gran valor en la industria de punta de la época, comparable al petróleo hoy en día.
Tras la anexión de Texas, las autoridades norteamericanas señalaron eufóricas que la situación predominante que habían alcanzado en el mercado mundial del algodón gracias al trabajo esclavo, haría que las demás naciones se rindieran a sus pies, estrategia mantienen hasta ahora aunque el algodón haya quedado en la historia.
El presidente James Polk no pensaba solamente en Texas, se apoderó también, con la guerra que siguió, de California y Nuevo México, aunque no pudo con Chihuahua.
En la década de 1820 el territorio mexicano alcanzaba una extensión de casi cinco millones de kilómetros cuadrados, igual a la del imperio romano en tiempos del emperador Adriano.
En ese periodo, el territorio se extendía desde el norte de California, Texas y Nuevo México hasta las provincias de Centroamérica.
Un dato curioso es que entonces hubo un intento de la Rusia zarista de extenderse por América, de modo que pioneros rusos fundaron una colonia en California, Fort Rossiya, 130 km al norte de San Francisco. Rusia y México durante dos décadas tuvieron frontera en el territorio norteamericano actual.
En el año de 1845, debido a "separación" de Texas, el gobierno mexicano encabezado por Antonio López de Santa Anna expesó su desacuerdo y hubo enfrentamientos miltares.
Los estadounidenses se lanzaron a la pelea ocupando primero California y Nuevo México, luego la ciudad de Matamoros y Monterrey hasta llegar a Puebla y la ciudad de México en donde atacaron el castillo de Chapultepec un 13 de Septiembre de 1847.
El castillo era entonces el Colegio Militar, construido por los invasores españoles en la cúspide de un volcán extinto, en un lugar sagrado para los indígenas mexicas.
Los soldados y jóvenes cadetes respondieron a los ataques y aunque fueron derrotados actuaron heroicamente, dispuestos a dar la vida por su país.
Cuentan que cuando todo había acabado un oficial norteamericano observando el rostro de los cadetes muertos, dijo lleno de sorpresa algo como: "¡Pero si son apenas unos niños!". A partir de esta expresión se les llamó "los niños héroes".
Después de ocupada la ciudad de México, el 2 de febrero de 1848, en la sacristía de la basílica de Guadalupe se firmó el acuerdo con el que se daba fin a la guerra.
Por este acuerdo, llamado tratado de Guadalupe Hidalgo, México perdió gran parte de su territorio, reconoció al río Bravo como el limite entre los dos paises y se les entregó a los Estados Unidos norteamericanos los territorios de Nuevo México y Alta California.
Por su parte, el gobierno norteamericano entre otros compromisos, tendría que pagar por esos territorios.
Cada 13 de Septiembre se recuerda a los héroes que dieron su vida durante la guerra contra Estados Unidos.
En la Ciudad de México se realiza un desfile militar y en el Castillo de Chapultepec se hace una ceremonia con cañones para recordar a los "Niños Héroes".
En 1903 el poeta mexicano Amado Nervo publicó "Los Niños Mártires de Chapultepec": «Como renuevos cuyos aliños/ un cierzo helado marchita en flor/ así cayeron los héroes niños /ante las balas del invasor.
En el bosque de Chapultepec, actualmente dentro de la ciudad de México, se levanta la Tribuna Monumental a los Defensores de la Patria, conocida popularmente como el Altar a la Patria, donde descansan los restos de aquellos jóvenes cadetes.
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