Luego de haber roto el silencio televisivo, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, retornó al perfil bajo que adoptó estos últimos tres meses desde que se conoció la presencia de su esposa, Bettina Angeletti, en la delegación presidencial que viajó a la Argentina Week en Nueva York a principios de marzo. En medio de la causa que lo investiga por presunto enriquecimiento ilícito, el funcionario transita sus días más difíciles con un sorpresivo "optimismo" y divide sus horas entre reuniones con ministros y los preparativos del informe de gestión que espera dar el próximo 2 de julio.
En el entorno del ministro coordinador lo ven entero y atribuyen esa integridad al respaldo que el presidente Javier Milei y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, le expresan. Además, casi a contramano de lo que varios funcionarios admiten en privado, dan por descontado el apoyo de la planta completa del Gabinete. “Lo que se debe entender es que el Presidente banca, que esto va a pasar y todo volverá a la normalidad”, sostuvo una persona de confianza.
Pese a la convulsión que generó su reaparición mediática tras la presentación de su declaración jurada de 2025 —en la que admitió errores en las versiones anteriores y aseguró haber obtenido ganancias con inversiones en Bitcoin— los equipos de la Jefatura de Gabinete confían en que “el coletazo mediático” pasará con el correr de los días.
Asimismo, descartan la posibilidad de una salida anticipada del cargo y aseguran que la chance de adherir a una licencia tampoco es una opción que esté en estudio por estas horas. Por el contrario, el exvocero busca mostrarse activo y prepara el retorno a la escena pública para el próximo sábado, cuando acompañe a Milei al acto por el Día de la Bandera en la ciudad de Rosario.
Esta mañana, luego del feriado largo, y en medio de las presiones de los sectores aliados, el apuntado jefe de Gabinete recibió al ministro de Salud, Mario Lugones, en sus oficinas de Casa Rosada y tiene en agenda nuevos contactos de gestión. No obstante, no se esperan nuevas conferencias ni declaraciones públicas y anticipan una limitada actividad en redes para los próximos días.
Lo cierto es que la polémica que gira en torno al exvocero empantana la dinámica de gestión y complejiza los planes legislativos de la Casa Rosada que debatió hasta último minuto si habilitar o no la sesión programada para el jueves en el Senado para votar el proyecto de ley de propiedad privada.
En paralelo, los socios del PRO y la Unión Cívica Radical no descartan avanzar con la interpelación del funcionario en el Congreso, lo que podría dar lugar a una eventual moción de censura para removerlo del cargo. Si bien los últimos movimientos de los aliados despertaron el malestar de más de uno en el oficialismo, en las filas violetas aseguran que el vínculo transita su curso regular.
“Está todo normal. No le dimos tanta vuelta y empezamos a trabajar para que acompañaran para no avanzar con la moción”, reveló un integrante de la mesa política ante este medio. “Post comunicados no cambió nada. No hay más que la tensión ya existente”, sintetizó otro funcionario que estila asistir a las reuniones quincenales.
Mientras los alfiles negociadores buscan consolidar el respaldo de las bancadas amigas, la Subsecretaría de Relaciones Parlamentarias e Institucionales a cargo de Ignacio Devitt inició el proceso para dar forma al primer informe de gestión que Adorni deberá dar ante la Cámara de Senadores. Con la presencia del ministro coordinador, el Poder Ejecutivo espera neutralizar la intención de interpelarlo de la oposición.
Tras la presentación de la declaración jurada, Adorni pasa sus días recluido y rodeado por su equipo reducido, compuesto por Aimé Vázquez, su mano derecha en la Jefatura de Gabinete; y los secretarios Javier Lanari (Prensa); Ian Vignane (Ejecutiva); y Federico Sicilia (Relaciones Parlamentarias e Institucionales).
En Balcarce 50 la apuesta es ganar tiempo, exhibir normalidad y sostener al funcionario hasta que la discusión pierda intensidad. Por ahora, la estrategia encuentra límites: la causa avanza, los aliados presionan y el Congreso amenaza con convertirse en el siguiente escenario de una disputa de un conflicto que parece no tener fin.